Refugiada, sin quererlo.

“Estábamos, estamos, estaremos juntos. A pedazos, a ratos, a párpados, a sueños”

Mario Benedetti.

No quiero ver tu cara de pena, aunque es lo que todos esperan cuando miras a una refugiada. No quiero que me digas nada; absolutamente nada. No necesito que me cuentes lo que piensas de mí, ni si quiera que me preguntes cómo he llegado hasta aquí, porque eso no importa. Si tuve frío o si pase hambre. Si me sentí sola o tuve miedo son cosas que me guardaré para mí porque no quiero tu compasión.
No tengo ningún problema contigo. Ni con tu gente o tu país. De hecho, mi problema es que, como sabrás los refugiados no venimos del lujo, no huimos de ningún paraíso. Tampoco venimos a tú país a robar tu pan ni tu sanidad. No venimos a que nuestros hijos se sienten al lado de los vuestros en la misma mesa en un colegio y a que los miren de reojo como si hubiesen caído de otro planeta. No son afirmaciones remotas créeme, son verdades de calle, de lo que tú y yo podemos oír día sí y día también.
Sé que me entenderás, si te digo que soy hija de la resistencia. Soy Saharaui, y desde que tengo memoria, mi hogar solo fue un trozo de tela expuesta en la nada, mi piel una cicatriz y mi esperanza una Caravana humanitaria. ¿y sabes una cosa? jamás conocí a nadie más valiente que mi gente. Te lo digo de verdad.
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Ser una refugiada no es mi identidad. No. No te equivoques. Es una circunstancia que otros me han impuesto. Nací en el lado equivocado de una frontera dibujada por manos ajenas al sufrimiento. Nací en el lado de los dignos, de los que llevan cuarenta años esperando justicia. Cuarenta años peleando porque la siguiente generación logre lo que nuestros abuelos no lograron: Una vida sin hambre. Cuarenta años esperando un parque para sus niños, una universidad para sus jóvenes y un retiro digno para sus mayores. Nací en el lado de la esperanza, porque el desierto nos ha enseñado que ese, es el mayor tesoro.
¿Sabes tú lo que es creer en los imposibles?¿Que se pongan malos tus hijos y tener que recurrir a remedios caseros porque el hospital más cercano no tiene absolutamente nada que pueda salvar la vida de tu pequeño?¿Tener que temerte siempre lo peor? Ojalá jamás tengas que conocer esa sensación. No te lo deseo.
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¿Y sabes que es lo mejor de todo eso? que amamos la vida. Amamos cada día como un regalo. Amamos a nuestra gente, nuestra risa, nuestras ganas de vivir. Amamos cada minuto que nos permite aprender de la vida. Y lo mejor de todo que valoramos y apreciamos cada gesto de cariño que recibimos.
Ahora que lo sabes todo no te imaginas la de veces que he tratado de demostrar que ser un refugiado no es más que una etiqueta. Pero la triste dura y maldita verdad está ahí. Cada refugiado es más que un nombre, una cara o una huida hacia adelante. cada refugiado es una historia de esperanza, es una familia que espera, cada refugiado es una carta que nunca acaba de llegar. Por eso, hoy he decidido dejar de callar y hablar. Esta es mi historia y creo que merece ser contada. Más que por mí, por todos ellos. Por todos los refugiados de las mil injusticias de este mundo. Tengo la esperanza que desde hoy, cada 20 de junio sea algo más que una fecha del calendario. Tengo la certeza que cada 20 de junio sentiré que me lees, me comprendes, y una pequeña parte de ti se siente como un refugiado más.
“Los refugiados no tienen otra elección, tú sí. Ellos, lo único que quieren es volver a casa”
Benda Lehbib Lebsir.
Fotografías: Víctor Jiménez .

El otro vacaciones en paz.

Con amor y paciencia, nada es imposible.

Daisaku Ikeda

Qué gran frase. Ayer, una vez más, volví a escuchar esa frase. No queda nada y les tenemos aquí. Puede que hasta resulte ser una frase cualquiera. Pero, en realidad, tiene mucho más valor del que podéis llegar a imaginaros. Y no para la familia acogedora, que también, sino para los niños y niñas que esperan ansiosos su época estival que rompe literalmente con su rutina y monótona vida de refugiados. Es su sueño más fácil de alcanzar dentro de los miles que cualquier niño se propone.

Esta vez no soy yo la que viene. Esta vez no seré yo una de esas personas a las que iba dedicada esa frase. Esta vez no seré yo esa que estaba muerta de calor, quizá por los nervios, o quizá por ese calor que realmente hace en los campamentos de refugiados. Tampoco seré yo una de esas personas que, en silencio, pensaba en todo lo que dejará atrás. O en todo lo que aún está por venir. También.

Esta vez no seré yo una de esas que cuenta las horas comiéndose las uñas porque es cierto, ya no queda nada para tenerlos aquí. Ni siquiera seré yo la que suba al camión entre lágrimas de emoción y un puñado de nervios mientras se gire a despedir a su madre, como quien se va pero con la certeza de volver, y de volver pronto. Y lo más difícil quizás sea ese momento de sentirse comprometida a hacerle caso a todos y cada uno de sus consejos que a lo largo de esos días habría repetido más de una vez.

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Tampoco seré yo la que sonreía en la típica foto en el aeropuerto una vez que aterrizan en España tras más de doce horas de viaje (en el mejor de los casos) con todos aquellos que te acompañaron en ese recorrido tan sumamente largo, por que se hace eterno, creedme. Esta vez no, esta vez lo veo todo desde fuera.

Y no tengo palabras. Es exagerado los pelos de punta en más de un momento conforme se va acercando el día de su llegada. No sé si es por el recuerdo a cuando yo estaba allí. O por la felicidad de verlos llegar con la misma ilusión con la que llegue durante siete veranos consecutivos. O también, por todo lo vivido en aquel mismo escenario, mismas vivencias, mismos sentimientos, pero quizás, sea por todo lo que he vivido hasta ahora fuera de allí. Supongo que fue y será siempre un cumulo de cosas, pero cosas maravillosas.

Aunque ya las di en su día, las doy y las daré siempre gracias por permitir que los niños saharauis puedan vivir esta maravillosa experiencia. Gracias  a las familias acogedoras por todo lo aprendemos,  por vuestro empeño en presentarnos a vuestro entorno amigos y familiares. Por todo el esfuerzo que supone de un día para otro acoger a un niño saharauis y hacerle sentir como un miembro más de vuestra ya formada familia.

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Supongo que no tengo nada más que decir, simplemente quería expresar este sentimiento. Ahora, sólo me queda desear suerte a todos aquellos que se estrenan en esta familia llamada vacaciones en paz, por este momento de “dulce espera” tan particular que supongo que estarán viviendo igual que los niños. Por ese mariposeo en el cuerpo, y por esos nervios por saber qué pasará. Suerte, de verdad, en esta nueva aventura, que es fantástica. Que la disfrutéis al máximo día tras día. Que captéis cada uno de los momentos, que hay tiempo para todo, aunque cuando menos os lo esperáis, estáis con lo de ¡pronto les tendremos aquí con nosotros de vuelta! qué gran frase, de veras.

“Tanto si piensas que lo vas hacer bien, como si piensas que no puedes, estás en lo cierto.”

Benda Lehbib Lebsir.

Imágenes: Coral López.

 

 

 

El valor de una mirada Saharaui.

Cuando se llega a los límites de las cosas que nos hemos fijado, o incluso antes de llegar a ellas, podemos mirar hacia el infinito.

– Georg Christoph Lichtenberg

Los saharauis, y su misteriosa mirada siempre acaban enganchándote, ¿has pensando alguna vez porqué miran como miran? Porque quizás sea esa historia que llevan a las espaldas, su tez oscura, sus manos arrugadas y su rostro alegre en mitad de este mundo de locos en el que les ha tocado vivir. Quizás sea su templanza, su sencillez, su lentitud o su forma tan peculiar de ver y vivir la vida. Y no lo se, pero es algo fuera de lo normal. No lo digo yo, que también, sino quienes se atreven a conectar con ellos, a ir un poco más allá.

Quizás sea eso, o que también, sea su elocuencia, su uso perfecto del lenguaje, un idioma inventado por y para ellos que mezclado con un melifluo tono de voz son capaces de  acoplarte a su mundo con tan solo escucharlos, y es que es como aquella melodia capaz de despertar un torbellino de sentimientos, el arte desprendiéndose de sus miradas, capaz de deleitar el corazón de quien les escucha. “Porque quien no entiende una mirada, tampoco entenderá una larga explicación.”

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O sus silencios, ¡ay sus silencios! la interpretacion abstracta de su ser, apta tan solo para quien mira mas allá de lo que ve, para aquel sin miedo a sumergirse en un mar de profundas interrogaciones, incógnitas sin respuestas, verdades como templos, historias jamás contadas, y la humildad  y la hospitalidad por bandera. O la poesía que forma parte de sus miradas, unos ojos transparentes, sinceros, capaces de describir los mas inefables de los sentimientos en un efímero espacio de tiempo. Y es que enganchan, de verdad. Míralos, aprecia lo que te dicen más de lo que hablan, no les hagas gesticular ni una sola palabra, ni hables tu tampoco, ve más allá. Míralos, pero míralos bien. De verdad. 

O quizás, la vida que corre por sus venas, sístole y diástole al compás de su intensidad, eufóricos latidos tras una apariencia calmada, de quien aprecia lleno de paz la belleza a su alrededor, de alguien que ve un mundo de color, y en su círculo en el que cada pequeño matiz cobra un poco de sentido. Y es difícil, muy difícil, pero allí están haciendo malabares jugando al despiste como quien quiere ir adelante y va por que tanto si piensan que pueden o no sobrevivir en esas condiciones, en ambas están en lo cierto.

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Quizás sea todo eso, o no, pero sabes qué te digo ponte sus zapatos… Esfuérzate para que tu pie entre, átate bien los cordones y echa a andar. Comprobarás que aprietan donde menos podías imaginar y que, incluso, te harán rozaduras, de esas que tardan un tiempo en desaparecer, de las que marcan y no olvides lo complicado que es ponernos en el lugar del otro y andar su camino, enfrentándonos a sus miedos, sus frustraciones, sus interrogaciones, su tira y afloja, porque mirar lo que es mirar, mira cualquiera, hablar sin hablar tan solo unos pocos. Y como decía una buena amiga mía, “en el Sahara la luna está llena de miradas que se perdieron buscando respuestas.” Y que verdad.

Benda Lehbib Lebsir

 Fotografías: Sergio López

Escuchame, y déjame decirte.

Lo esencial, es inevitable a los ojos.

Escúchame hija, y déjame que te cuente lo poquito que yo sé, que creo que no debes perder de vista. Déjame que te cuente lo poquito que yo sé de la vida, esta que tú tienes todavía por delante, atenta. Déjame que te diga que el mundo es precioso, en serio, no permitas que te hagan ver lo que no es, eso sí, espero que lo siga siendo para cuando tú empieces a apreciarlo. Déjame que te cuente que el sonido más bonito es el de los pájaros cuando le cantan a la mañana, que poco tienen que ver con el gallo que tú oyes cada amanecer en este inhóspito desierto. Y precioso y sí, el sonido de las olas cuando intentan atrapar a la arena. Eso, sí que no tiene precio.

Déjame que te diga que no hay vista más bonita que la de los mil colores de los campos y bosques, sabes de qué te hablo ¿verdad? Que no hay aire más puro que el que ellos transpiran. Déjame que te diga que donde más bonitos están los animales es en libertad, aunque verás a demasiados encerrados en jaulas, e incluso personas que les han denegado la suya, como a ti, a mí y miles de personas. Oye, y que no se te olvide nunca que la naturaleza preparó este hermoso mundo para que nosotros convivamos y disfrutemos de él, libre. Así que, aprovéchalo.

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Déjame que te diga que el mundo está lleno de luz, aunque muchos querrán arrastrarte a la sombra, por unos motivos u otros, suele pasar. Persiste, niégate, defiéndete. Que no te convenzan de lo que sabes que no es cierto. No dejes jamás de buscar la luz, está por todo, siempre presente. Búscala en las personas que cruzan tu camino, en los ojos de desconocidos y las miradas que atraviesan el alma. Búscala en los pequeños momentos. Que no te llamen loco/a, y si lo hacen (que lo harán), sonríe, es lo mejor que sabes hacer. Déjame que te diga que muchos te harán daño, queriendo o sin querer, ¿qué más da? Total, todos necesitamos de lo mismo.

No te hundas, no te pares, sigue siempre hacía delante, porque todo dolor marca y formará parte de ti, de lo que eres. No reniegues de él. Acéptalo. Es tuyo, y nadie más lo ha vivido como tú. Es tu propia experiencia. Y eso formará parte de ti igual que lo harán las mil millones de carcajadas que reirás. Igual que el amor que vas a sentir tantas veces. Espero que lo sientas más veces por momentos y seres vivos, que por cosas materiales, y entonces entenderás todo esto de lo que te estoy hablando. Pero sea como sea, vívelo. Acéptalo. No reniegues de él. Y si lo sientes, dilo, chíllalo. Que no te hagan callar, que no te digan que eres fuera de lo normal. Oye, y si lo hacen (que lo harán, también), sonríe, siempre. Insisto, es lo mejor que sabes hacer. Y es entonces cuando entenderán ellos, que sí que eres diferente, porque bonito es verte sonreír, pero verte feliz, eso debe ser mortal.

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Déjame que te cuente que necesitarás fuerza, y mucho valor, para luchar por lo que es correcto, por lo que es tuyo, por lo que es nuestro. Pero hazlo. No abandones, lo que los que antes que tú y yo arriesgaron por ello incluso su vida, no te rindas. Lucha por lo que vale la pena, cueste lo que cueste. ¿Quién dijo que fuera fácil? Que no te hagan dudar de ti misma, que nadie, jamás, te haga dudar de tus sueños y de lo que tú eres capaz. Hasta donde tú llegues, llegarás, pero será por ti, siempre lo que tú hagas. Así que, adelante. Y sin peros, ni “no puedos” esos no me valen.

Déjame que te cuente que el mundo estos días parece triste y gris, pero no lo es. El mundo es, y siempre será, de colores, aprende a verlos, quítate las gafas y deja que tu retina vea lo que tu recuerdo quiere guardar. Y que nunca nadie te haga olvidarlo. Déjame que te cuente que vas a necesitar mucha suerte, paciencia, pero sobre todo, mucha calma, así que no la pierdas. Aunque muchos intentarán probarte hasta el límite, querrán verte huir, dejar atrás todo lo que hasta ahora hayas conseguido, pero no, no lo hagas. No desistas. Camina, con paso firme y directo, con pisadas fuertes y seguras. Camina y ni se te ocurra parar.

Déjame decirte que el pasado a veces tirará de ti y el futuro muchas veces te abrumará, te quedará grande, ¿y qué? No te asustes, no te agobies. La vida igualmente ya lo tiene todo escrito, así que disfruta de tu camino y deja que te lleve por donde quiera. Déjame que te diga que hay tres cosas que están hechas para compartirlas el tiempo, la comida y las sonrisas, así que hazlo siempre que puedas. Y que nadie te llame iluso/a. Y si lo hacen, sonríe. Cuanto más compartas más recibirás, créeme.

Déjame que te diga que el amor es el tesoro más preciado, cuídalo. Acéptalo y repártelo, como si no hubiese mañana porque como ya sabes; “de lo que siembras, cosechas”. Y eso no lo digo yo. Aunque muchos no te lo devolverán, da igual, no desistas. Todos lo necesitamos para vivir, es lo que mueve nuestro planeta. Todos nacimos por él, vivimos por él y morimos por él. Así que cuídalo, respétalo y compártelo. Pero sobretodo, siéntelo.

Y ya no es por ser pesada, pero déjame que te diga que eres un ser maravilloso, único, y que puedes conseguir cualquier cosa. Que nadie te diga lo contrario. Recuerda quien eres, de dónde vienes, recuerda siempre todo lo que mereces. Y no olvides que si alguna vez algo te asusta, hay tantísima gente que estará a tu lado, enfrente o detrás tuya, para sostenerte en pie. Que mereces amor y respeto y es lo que vas a recibir. Y por último, déjame decirte que, “Dios nos creó con dos manos, diez dedos y no tenemos dos iguales” así que imagínate tú, buscar dos personas iguales. Eso, es lo que me han dicho a mi siempre.

Benda Lehbib Lebsir.

Fotografías: Walad Awah.

Respuestas ABRIL.

“Tu futuro empieza con tu próximo pensamiento”

Bryant McGill

  1. Soy maestra he estado en los campamentos y he observado que aún utilizan el castigo como metodología de disciplina como en España en la época de mis padres, ¿crees que eso se podría cambiar si los profesores del Sahara supiesen que no se aprende con la violencia?

Termino el año que viene magisterio y entiendo perfectamente lo que me plantea. Es una cuestión del sistema educativo saharaui que entiendo pero no comparto. Me explico, toda la vida me han pegado si llegaba tarde, si hablaba en tono desafiante al profesor, sino obedecía, etc. Por ese lado entiendo que siga existiendo porque lo he vivido. Pero no lo comparto, y estoy de acuerdo con usted, quizás sea por falta de conocimiento, recursos medios, o por su afán en que todo salga bien y los alumnos respondan utilizando  ese recurso, pero ojo, no es  la mejor forma ni por asomo, y ojalá con el tiempo lo vayan erradicando. Cosa que creo que es muy necesaria.

2. Llevo muchos años acogiendo a los niños de la misma familia, he tenido a la hermana mayor que ya es madre de dos niños, luego a su hermano un joven excelente persona y buen estudiante en Argelia, y ahora traigo a su hermana pequeña pero ya es su último año y queremos que se quede con nosotros pero los padres no quieren. ¿Cómo hago para decirles que aquí la niña tendrá mejor futuro que en el Sahara?

En primer lugar las decisiones familiares son decisiones de las propios padres, y no es solo porque busquen lo mejor, sino que además separarse de ellos también es muy duro. Siempre me gusta destacar que los saharauis allá por donde vayamos somos doblemente refugiados porque siempre estamos sujetos al qué, cómo y cuándo. Ahora bien, aquí podrá estar genial, pero allí con sus padres, sus hermanos, su gente, y al fin y al cabo una vida junto a sus seres queridos tampoco está tan mal. Por lo tanto, si sus padres no quieren que se quede lo que ustedes deben hacer es ponerse en su piel y verán que es más que respetable.

3. No estoy muy metida en el tema del Sahara pero me recomendaron tu blog, y la verdad es que me gusta, soy monitor de tiempo libre y me encantaría ir a colaborar ¿Cómo puedo contactar con el consulado saharaui?

En primera lugar muchas gracias por sus palabras. Y en segundo lugar entiendo su pregunta enfocada a cómo conseguir el visado o qué trámites debe hacer para irse a los campamentos o con quién se tiene que poner en contacto, (sino es así me lo puede decir por privado y le intento responder en la medida de lo posible) y si es así; solo tiene que ponerse en contacto con la delegación saharaui de Madrid y ellos le asesorarán sobre el tema. Consulado no existe como tal porque España no reconoce al Sahara como estado, pero sí que tenemos una delegación que hace un papel similar al del consulado.

4. Cada vez me resulta más complicado que vengan los niños, nos encariñamos con ellos y de pronto se van.

Bueno este proyecto es lo que tiene; el lazo afectivo que crea y el vínculo socio-familiar que une dos países, dos culturas, dos mundos totalmente diferentes a través de un niño. Se van y no se van tristes, se van felices, contentos porque les esperan sus padres, sus amigos, y su gente para contarlos la experiencia que gracias a ustedes han vivido. No obstante, el tiempo se estira lo que uno le quiere estirar, puede que dos meses hayan pasado volando lo cual indica que ha sido una experiencia fantástica (como la mayoría de los casos) y puede que se haga una eternidad. Todo es un poco el cómo lo enfocamos y el cómo lo disfrutamos que para mí es lo más importante.

5. Estamos preparando la campaña del vacaciones en paz de este año, y me encantaría saber qué planes o actividades hacéis en otras provincias para hacerlas también aquí.

 Yo le hablo de Palencia, porque es de donde soy,  lo que yo controlo.

Antes de que vengan los niños del VEP, se hacen varias entrevistas con las familias acogedoras, se entregan folletos informativos de la causa en general y de la experiencia de la AAPSP, en los campamentos, así como poniéndoles en conocimiento de todos los proyectos que se realizan en la zona.

Una vez que llegan los niños, se hacen varias quedadas, visitas guiadas por pueblos, encuentros con los medios para que los niños cuenten su experiencia, encuentros con representantes políticos de diferentes partidos, así como fiestas al estilo saharaui en las cuales los niños ponen en práctica aspectos culturales y sociales típicos de su pueblo(elaboración del té, henna, etc).

6. No crees que sería necesario involucrar más a los jóvenes saharauis que estáis en España?

Desde mi punto de vista creo que tienes toda la razón. Pero por unas cosas y otras siempre pasamos un poco desapercibidos. También es cierto que, o bien porque trabajamos o estudiamos, pero eso no debería ser una excusa, porque al fin y al cabo la causa es nuestra causa, sino nos movemos nosotros ¿quién lo va hacer, no? Pero he decir, que hay de todo, como en todos los sitios, hay jóvenes muy comprometidos, y hay jóvenes que pasan de todo y otros que van a lo suyo, pero bueno esto es como todo, no es matemática pura ni ciencia exacta.

7. Acojo por primera vez ¿Qué cosas debería saber?

Muchas, acoger es un acto que vosotros como familia habéis consensuado, hablado y dado el paso. Pero antes hay que saber qué historia hay detrás del vacaciones en paz, porqué vienen los niños y niñas saharauis, cómo viven en los campamentos de refugiados, algunos aspectos culturales, sociales, y por supuesto históricos. Le adjunto el siguiente enlace de mi blog, que responde a esta amplia pregunta…

https://1saharaui.wordpress.com/2017/01/02/yo-apuesto-por-el-vacaciones-en-paz/

8. Lo mío no es una duda es una sugerencia, soy saharaui como tú, llevo muchos años en España y apenas tengo relación con mis paisanos podríamos hacer quedadas en alguna parte de España para vernos, y conocernos todos…

Está bien lo que dices, pero entiende que cada uno está en un punto, estamos muy dispersos, eso no quita que tu propuesta sea buena, (personalmente la comparto) pero por razones obvias; estudio, trabajo, disposición y demás, creo que es CASI imposible llevarla a cabo. Te recomiendo así a corto plazo ponerte en contacto con la gente de tu comunidad y ver si así a lo pequeño podéis hacerlo. ¡Suerte, paisano!

“Hay que rodearse, en lo posible, de cosas y personas extraordinariamente hermosas como única tabla de salvación en esta vida no siempre fácil”.

Benda Lehbib Lebsir.

Me apetece quejarme.

No te rindas que la vida es eso,

continuar el viaje,

perseguir tus sueños,

destrabar el tiempo,

correr los escombros,

y destapar el cielo.

No te rindas, Mario Benedetti.

Me apetece quejarme de alguien. De muchos, o quizás del mundo entero. Pero, a la vez, de nadie. Quizá esté loca. Y puede que no. No lo sé. Quiero matar este sentimiento de rabia, de impotencia, y de injusticia que me abruma. Que me acompaña desde hace bastante poco sí lo comparo con el del resto de los míos. Un sentimiento a veces de tristeza y otras muchas, de orgullo que siempre se apodera de mí y en ocasiones me quita las ganas de todo, y en otras tantas, me da la fuerza para seguir.

Por eso, quiero quejarme de alguien, de muchos. Para hablar de las injusticias, y olvidar lo incomprendida que me sienta a veces. Para dejar que mi imaginación vuele y no se estanque en este frío mundo que te dice a la cara que no creas en el diálogo, que los Derechos Humanos no existen, que ser un refugiado debe ser algo puntual, un pequeño “paso” para darte cuenta lo que otros pueden hacer por ti, poniéndose a prueba. ¡Y qué lástima, de veras!

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Me apetece estar en mi tierra, conocer mi gente, familiares que ni si quiera mis padres conocen, vivir de mi trabajo, y no de la ayuda humanitaria. Que mis hijos estudien en las escuelas donde yo no pude estudiar y que mis padres no mueran en el exilio. Me apetece expresarme, pero sobre todo, quejarme. Estoy cansada de siempre ir hablando de los 42 años que lleva resistiendo injustamente mi pueblo. Estoy cansada, de seguir intentando siempre hacer la maleta ir dos meses, volver, y ver que todo sigue prácticamente igual, ancianos que no ven salidas, mientras el reloj corre en su contra, generaciones como la mía intentando haciendo malabares contra las adversidades que se les han impuesto, mujeres con tan solo 30 años marcadas por mil obstáculos y es que estoy cansada, muy cansada de tanta guerra. Y no guerra.

Me apetece quejarme con alguien que no sepa nada de la causa saharaui, que se sorprenda cuando le hablo de esta dura realidad. Porque me aterroriza si quiera plantearme la idea que pueda estar otros 42 años esperando. A lo largo de estos años han cometido un error, y es que no me han enseñado a callar y esperar. A combatir la soledad desde el silencio. Y quizá descubrir que no se tiene porque estar tan mal, porque siempre quien la sigue, la consigue. Pero no es cansancio, porque sí.

Y si algo he aprendido, es el valor de la resistencia. Y es que es, innato a mí buscar la aprobación de los demás. El correr a demostrar que lo vamos a conseguir, que sigamos, que estamos cerca, que tan sólo es cuestión de tiempo, un poco. Un poco más. Porque, aunque sea mentira, al menos, acaricio el valor que se desprende de esa gente que tanto ha dado a la historia, y ya no sólo a la suya sino la del mundo entero. Al menos de esa forma, puedo sentirme un poco menos cansada.

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Me apetece quejarme con alguien, pero alguien que sea novato en este mundillo lleno de porqués sin respuestas. Alguien que no juzgue. Alguien que sepa escuchar. Alguien a quien, de verdad, no le importe el reloj, y a ser posible alguien amante del . Tanto o más que yo. Alguien natural. Alguien quien me entienda solo con mirarme, porque en cierta medida “quién no entiende una mirada, tampoco entenderá una larga explicación”. Y ya puestos a pedir, para no excluir a nadie, que sea alguien con quien en ninguno momento haga falta disimular, ni añadir filtros a la conversación, me escucha y con eso me vale.

Me apetece quejarme con alguien. Alguien que sea amante de las historias reales, y sepa llevar mi bandera donde quiera que esté pero sobre todo que rellene ese hueco cuando todos los demás se van. Alguien que, aun yéndose, no se va. Alguien que elija estar en mí (nuestro) bando, por que a estas alturas, o nos quejamos o se nos va de las manos, sí la impotencia y esas cosas de las que me llevo quejando un rato ya. Me quejo y mucho, pero no me rindo ni por asomo.

Benda Lehbib Lebsir.

Fotografías: Víctor Jiménez.

 

 

Tras tu paso por los Campamentos de Refugiados saharauis.

“Yo no necesito hablar para expresar una emoción,
me basta sólo con mirar.
Pero sí necesito amar
es mi única ambición.
(¡es lo que necesito!)”

Mi Realidad, Lori Meyers

Con el tiempo comprenderás que las mejores vacaciones pueden ser las que no hayas imaginado nunca; que hay verano en pleno invierno, poesía en otoño, que no todas las flores nacen en primavera. Porque allí a decir verdad no florecen ni por asomo, allí florecen las personas.
También, aprenderás que nada es eterno, pero algunos instantes se quedan cerca de serlo; que las cicatrices del alma no se curan, las promesas caducan, los sueños cambian, los planes se modifican y las personas por alguna extraña razón siguen resistiendo; que hay dolor detrás de aquellas sonrisas, amor detrás de cada tela de color y de “cuídate”, razones de agradecimiento que no se expresan con palabras sino que se esconden detrás de silencios, de miradas innatas, transparentes, nudos interminables en la garganta; que los mejores momentos que nunca te han dado andan escondidos en miradas y que unos brazos son sin duda el mejor abrigo, ese que quita el frío de verdad.
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Con el tiempo, entenderás lo valioso que es un gesto, qué tal estás, un gracias, un vuelve, estás en tu casa, y un te hemos echado de menos, y que, aunque sean palabras sencillas, simples para quiénes no las hayan oído, porque escuchar lo que es escuchar escuchamos todos, algunas de esas palabras créeme que no se las lleva el viento.
Entenderás la importancia de una sonrisa, una risa, un abrazo, un buenos días, un espera no tenemos prisa, una comida poco tradicional para ti, un interminable té entre amigos y de una carta inesperada que tienes que traer de vuelta y es ahí donde te das cuenta que ya toca volver a la rutina… Pero hay cosas que permanecen siempre en tu recuerdo.
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Con el tiempo cambiarás tus prioridades, tu manera de pensar, de reír, e incluso de soñar, porque ya no eres tú, sino ahora cuentas más con los demás. Cambiarás tu número favorito por el de una fecha que te hizo conectar con esa realidad, tu canción por una banda sonora original, la del silencio de unos brazos y tu color favorito por el de esos ojos oscuros y a la vez transparentes… Tantas cosas cambiarás, créeme.
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El tiempo también te hará llorar, gritar de rabia, enfadarte, exigir justicia donde quiera que vayas, y no por ti, sino por ellos, añorar, morirte de envidia cada vez que compartan en las redes sociales un viaje similar al tuyo, y siempre acabarás mirando tu calendario, ajustando fechas, ahorrando, pero también es el tiempo quien te enseñará que no hay que arrepentirse, que hay que arriesgar, que hay errores, miradas, y momentos… que son los únicos que dan sentido a esto. Y con los años te darás cuenta que no hay más tiempo, que es hoy y ahora el momento de actuar. Pero sólo… Sólo te darás cuenta, conociendo, viajando, saliendo un poco de tu zona de confort.
“Sigue llenando este mundo de razones para respirar”
Mario Benedetti.
Benda Lehbib Lebsir.
Fotografías: Ana Valiño.