DIARIO DE 1 NIÑO REFUGIADO.

De cuando ser feliz era encontrar el cartón suficiente para forrar los libros. De cuando bastaba con un par de zapatos y un chándal que ha pasado por tres generaciones para vestirse todo el año. De cuando el mayor logro suponía conseguir un lápiz de color por dos sorbos de agua en pleno mes de julio y a 50 grados. De cuando desayunar consistía básicamente en mojar pan en aceite o en té. De cuando mi madre me lavaba la cara justo en la entrada de la jaima y me la secaba con su preciosa melhfa. De cuando mi padre me despertaba para rezar todas las madrugadas. De cuando mi juego preferido consistía en pasar las horas muertas en el tejado de casa. De cuando las mejores fiestas se hacían en casa de los abuelos con un candil medio-iluminando la jaima. De cuando el concepto de fiesta se refería única y exclusivamente a una reunión familiar. De cuando en vísperas de la fiesta del cordero todos querían invitar primero. De cuando nos cogíamos de la mano sin premeditación. Y no entendíamos el porqué. De cuando la palabra era el único medio de credibilidad. De cuando éramos más de los que éramos capaces de sentir. En definitiva, de cuando, inconscientemente éramos nosotros mismos sin importar el como ni el porqué. Lo éramos y punto. Hablo de cuando éramos unos críos que solo sabían ser felices. Nada más.

De cuando ser feliz era encontrar el cartón suficiente para forrar los libros. De cuando bastaba con un par de zapatos y un chándal que ha pasado por tres generaciones para vestirse todo el año. De cuando el mayor logro suponía conseguir un lápiz de color por dos sorbos de agua en pleno mes de julio y a 50 grados. De cuando desayunar consistía básicamente en mojar pan en aceite o en té. De cuando mi madre me lavaba la cara justo en la entrada de la jaima y me la secaba con su preciosa melhfa. De cuando mi padre me despertaba para rezar todas las madrugadas. De cuando mi juego preferido consistía en pasar las horas muertas en el tejado de casa. De cuando las mejores fiestas se hacían en casa de los abuelos con un candil medio-iluminando la jaima. De cuando el concepto de fiesta se refería única y exclusivamente a una reunión familiar. De cuando en vísperas de la fiesta del cordero todos querían invitar primero. De cuando nos cogíamos de la mano sin premeditación. Y no entendíamos el porqué. De cuando la palabra era el único medio de credibilidad. De cuando éramos más de los que éramos capaces de sentir. En definitiva, de cuando, inconscientemente éramos nosotros mismos sin importar el como ni el porqué. Lo éramos y punto. Hablo de cuando éramos unos críos que solo sabían ser felices. Nada más.

Anuncios

17 pensamientos en “DIARIO DE 1 NIÑO REFUGIADO.

  1. Pingback: Diario de 1 niño refugiado | Voz del Sahara Occidental en Argentina

  2. Pingback: Diario de un niño refugiado | Por un Sahara libre

  3. Sin palabras, como cualquier saharaui, sintiéndome identificado con cada frase que escribes.
    Espero que sigas reflejando nuestras vivencias y nuestro deseo a la libre autodeterminación.
    Muchos ánimos y un abrazo muy fuerte.

    Me gusta

  4. Pingback: RESUMEN SEMANAL DE NOTICIAS SOBRE EL SAHARA OCCIDENTAL (ENTRE EL 20 Y EL 27 DE DICIEMBRE DE 2014) – Nº 121 | Voz del Sahara Occidental en Argentina

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s