Ser maestro en un Campo de Refugiados.

La función de la educación es enseñar a pensar intensa y críticamente. Formar inteligencia y carácter, esa es la meta de la verdadera educación.

Martin Luther King

Es tan curioso como real, vengo de un sistema educativo totalmente ordenado y desordenado al mismo tiempo, en el que me han dado clase maestros que no lo eran. En el campamento de Refugiados de Tinduf, cuando se asentaron hace 40 años, la educación era el arma más poderosa, entendiendo tal cual el mensaje de Nelson Mandela de que hay que educar para ser personas.

Así, profesores sin experiencia en el terreno educativo se lanzaron a dar clase como quien va a una guerra sin armamento, con el fin de tener un buen resultado y con el objetivo de inculcar la experiencia para hacer de esas personas un ser íntegro en su sociedad. Como digo anteriormente, me han dado clase maestros que simplemente leían la lección, e incluso a veces ni eso, nos la mandaban leer a nosotros y nos corregían de vez en cuando y con ello daban por realizada su clase.

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Por otro lado los castigos. Su afán era castigar por enseñar y no se si la última juega bien con la primera o no, pero la disciplina estaba bien servida entre los alumnos. Como todo y en todos los lados, había maestros simpáticos, rectos, altos, bajos, vocacionales … de todo como en todos los sitios.

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No es fácil ser maestro en un Campo de Refugiados, no es fácil dar sin tener, ni tampoco es fácil preparar a una generación que el día de mañana te “eche en cara” su éxito o derrota en el ámbito escolar. No es fácil madrugar y andar en ocasiones kilómetros teniendo la carga de corresponder sin tener ningún beneficio personal, no es fácil ponerse frente a 35 alumnos o más, porque allí no hay ratio de tope de alumnos en un aula, y situarles en la realidad con sus peculiaridades, problemas, etc. No es fácil, no.

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A veces, y desde aquí lo digo, no es fácil venir de un sistema totalmente “desnudo” de recursos e instalarte en otro y lo que es más complicado: ser brillante. Pero es un orgullo estar a caballo entre dos mundos y volver aunque sea en un camello, para ser profesora en un sistema semidesnudo… Porque vamos avanzando, incluso en el campamento de Refugiados.

Benda Lehbib Lebsir.

Imágenes: Carlos Cristobal.

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Reconstruir no lo es todo, no…

Reconstruir no lo es todo,no,  mientras la fe en conseguir nuestro objetivo siga siendo la guía primordial.

Cierto es que ha llovido catastróficamente en los Campamentos de Refugiados Saharauis de Tinduf, que la consecuencia es que miles de familias afectadas se han quedado sin lo poco, casi nada, que tenían; es cierto que de la noche a la mañana aquél pequeño refugio que durante 40 años los mismos saharauis habían ido construyendo se ha visto convertido en escombros, dejando sólo la huella desoladora de que allí vivían miles de familias.

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Es cierto que las condiciones siempre han sido muy precarias, que todo se reduce a un mínimo de materiales y de productos de primera necesidad, pero también es cierto que allí  en el desierto más inhóspito, los Saharauis  han dado vida a 40 años de resistencia, de sacrificio, de lucha, y sobre todo de inconformismo; aquel territorio que ni siquiera quienes nos lo prestaron daban crédito de que en él pudiera crecer tanta vida, que de la nada hayan hecho “su mundo” sin estar en su mundo. Todo una lección.

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Reconstruir no es fácil, en realidad creo que es lo más difícil que hay, y más cuando la prioridad pasa a ser necesidades tan básicas como dar de comer a tu familia, o simplemente tener un techo bajo el que acostarles y verles crecer. Reconstruir es difícil, es complicadísimo y más cuando las condiciones no lo favorecen, sobre todo cuando todo lo que has avanzado en 40 años se convierte sólo en un “dulce o amargo” recuerdo, es difícil, complicadísimo, cuando ves que tus vecinos pasan las noche contando las horas que quedan para el amanecer porque no tienen una manta con que taparse, es complicadísimo cuando ves que una jaima de poco menos de 40 m2 acoge a tanta gente para tanto tiempo…

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Y lo que es más sorprendente aún es que nunca se quejan de ello, todo lo contrario, comparten lo muy poco que tienen y eso sí que es una gran lección. Les he visto pasarlo mal, muy mal, y allí estaba jugando su papel la solidaridad entre ellos mismos, el compartir, y sobre todo la colaboración para reconstruir.

Esta vez, desde la lejanía física que la distancia me imposibilita a vivir con ellos esta catástrofe, qué no daría yo por ayudarles, aunque sólo sea testimonialmente, y tener esa sobredosis de resistencia de la que tanto caracteriza a mi pueblo. Desde aquí envío mi voz: Sahara resiste!!

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Porque reconstruir no es fácil, no, pero mientras la fe de volver a nuestra tierra siga estando intacta, superaremos esta catástrofe y nos hará más fuertes en la lucha por nuestra libertad.

Benda Lehbib Lebsir.

12 de Octubre, mucho que celebrar.

Me han contando muchas anécdotas, muchas historias, relatos y experiencias, en definitiva mil vivencias, y de todas ellas me quedo con el día Nacional Saharaui.

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El 12 de octubre, día de la unión, de la esperanza puesta en práctica, de la lucha constante y por supuesto de la resistencia. Miles son los niños que hoy desfilan en varias “Wilayas” para conmemorar este día tan señalado para los Saharauis, para hacer llegar su grito a través de canciones que ellos mismos han ensayado a lo largo de estos últimos días, voces llamando a las palomas de la paz. Y unas madres que gritan su presencia en el desierto más inhóspito, ancianos que aplauden la labor y el sacrificio realizado a lo largo de cuatro décadas… Es la unión, es la unión del pueblo Saharaui.

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Recuerdo con nostalgia y emoción cada momento de este día, como si fuera ayer mismo; cómo pasábamos días y días en la “madrasa” o escuela desfilando con trajes tradicionales, e incluso militares, una y mil veces en el patio, hasta casi perfeccionarlo. Perfección también,  la de los cientos de militares que se trasladan desde sus bases en los Territorios Liberados a los Campamentos para desfilar, para demostrar su valía al frente, para emocionar a cada uno de los allí presentes, aunque sólo sea con dos pases, con el himno y la bandera bien alzada. Es emoción en estado puro.

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Emoción y sí  la de esas madres que se empujan unas a otras para ponerse en primera fila, para apoyar y animar a sus pequeños hijos como si de profesionales se tratara, pero no, sólo son unos pequeños embajadores que cargan con una responsabilidad: la de seguir sus pasos. Llevan en la mochila miles de consejos, cientos de “hay que seguir, hasta conseguir”, conseguir la libertad por supuesto.

Esos niños,  son el claro ejemplo de la unión de un pueblo que no deja de escribir su historia con tinta de sangre, la de los miles de mártires que llevo en mi memoria con nombres y apellidos, aquellos que dieron su vida para que hoy esta unión sea reconocida por más de 90 países.

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El 12 de octubre es eso: unión, historia, sentimientos y vivencias, porque donde hay unión, la fuerza es cada vez mayor para conseguir nuestro objetivo: Libertad para el Sahara Occidental.

Benda Lehbib Lebsir.

Imagenes: Jalil Mohamed (TV-RASD)