Un día cualquiera…

“Ellos viven en ciudades, viven en el ajetreo de la rutina, la locura de trasladarse al trabajo. La locura de volver del trabajo. El tráfico. La congestión. Están atrapados en eso. Yo me he librado” (Philip Roth)

El invierno en los Campamentos de Refugiados Saharauis no es en absoluto una estación fría. Está la familia (los que están porque lo raro es que estén todos). Están los vecinos, los amigos y por supuesto la rutina de ir al colegio. Los días pasan volando, sobre todo cuando todo gira en la misma dirección, cuando siempre se hace lo mismo y lo curioso es que uno nunca se imagina que pueda haber un mundo con otra realidad distinta a la tuya.

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Recuerdo las muchas veces que mi días eran la misma rutina: levantarme temprano para ir a las clases del Corán, volver a casa salir corriendo a la escuela. Pasaba toda la mañana entre aquellas aulas de adobe, con un cuaderno con el que ya habían estudiado mis hermanas mayores, y por supuesto frente a mí un maestro que intentaba hacer la jornada lo más amena posible.

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Había días que iba desayunada, desayuno que consistía en un vaso de té acompañado de un trozo de pan, y otros muchos que iba en ayunas. Me peinaba mi madre y rápidamente cogía la mochila y según el día, también me tocaba llevar una escoba para, al finalizar la jornada, barrer la clase. Era nuestro trabajo, si la manchábamos o se manchaba sola -porque se tenía que manchar con arena y polvo-, éramos los alumnos los encargados de limpiarla y mantenerla siempre ordenada.

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Volvía a casa y las tardes sí que eran algo más largas, más intensas. Todo giraba alrededor de los deberes que tenía que hacer, y por supuesto ir a llevar la comida a mis cabras. Ver la puesta del sol desde aquella pequeña montaña y sobre todo apreciar aquel polvo tan especial que sólo en Smara se podía ver. El movimiento de los coches circulando, las madres apresurándose para preparar la cena, el “Imán” llamando a la oración y alguna que otra representante del barrio llamando al reparto de la comida. Era fascinante.

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Las noches no pasaban desapercibidas para nadie, era el momento perfecto para ver a todos los integrantes de una familia juntos. Nos reuníamos alrededor del “kandra” y con el olor a incienso y aquella tímida luz de mi jaima hacia ver el cúmulo del cansancio tras una jornada intensa. Los días en los Campamentos, sea la estación que sea, siempre es lo mismo. Y como bien decía Paulo Coelho “si piensas que la aventura es peligrosa, prueba la rutina. Es mortal”  

Benda Lehbib Lebsir.

Imágenes: Victor Jimenez.

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4 pensamientos en “Un día cualquiera…

  1. Pingback: RESUMEN SEMANAL DE NOTICIAS SOBRE EL SAHARA OCCIDENTAL (ENTRE EL 16 Y EL 23 DE ENERO DE 2016) – Nº 175 | Voz del Sahara Occidental en Argentina

  2. Una rutina que en esta sociedad vertiginosa a veces se ansía… Una rutina que al final del día tiene ese maravilloso broche, que es la reunión de todos sus componentes…un verdadero espíritu familiar que ya quisiéramos más de uno. Cuando viajó a los campamentos..saboreó tanto ese silencio….esas tardes donde tiene uno de los ocasos más bellos que he visto…me entran ganas de QUEDARME y surtirme de vuestras enseñanzas. Ves? Ya me haces de nuevo soñar, mi Benda. .

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