40 años y se dice poco…

Nuestra llama jamás se apagará,

porque nuestro compromiso jamás se romperá.

RASD, felicidades a todo el pueblo Saharaui y simpatizantes de esta noble y justa causa.  40 años, ¿Quién iba a decir que aquello que estaba bajo el colonialismo tras siglo y medio daría tanto que hablar? Que poco tiempo de su fundación ya sería reconocido por todos los países vecinos y unos cuantos van ya entre los que no está ni de asomo España.

Es curioso, pero cada vez que celebramos algo los Saharauis,  sea lo que sea como sí es que en un Parlamento de una Comunidad Autónoma se haya mencionado por lo bajo el Sáhara,  ya está el gobierno poniendo la zancada posible e imposible porque a nivel central no vaya a más… Es curioso a la par que los medios de comunicación una y mil veces en todos estos  años no hayan dedicado ni un pequeño espacio como si es en  una columna de esas de “felices 40 años RASD” como quien felicita a su hija su cuarta década en silencio para que sus amigos les tiren de las orejas… y seguiría una lista de unas cuantas curiosidades que no dejan indiferente a nadie, bueno sí a las tantas generaciones que hemos nacido en el exilio y otras tantas que viven bajo la ocupación marroquí.

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Bueno a lo que iba, hoy 27F, estarán los Campamentos de Refugiados de gala, todos pendientes de los niños que hoy desfilan para que el mundo o quien tenga oídos aún escuche su verdad. Desfilan vestidos y alzando su pequeña bandera con orgullo como quien pasea un trofeo olímpico, a la vista de quien les aplaude por 40 vez consecutiva. Pero allí siguen, es de admirar.

Es de admirar, que hoy los ancianos, los fundadores esos que vivieron su adolescencia y juventud bajo la bandera española en sus años de gloria, esos que vivieron la ocupación y posterior saqueo marroquí, los mismos que viven su vejez en el desierto más inhóspito, hoy estén a la sombra de una bandera alzada mientras el viento sopla poco a poco a su favor.

Es de admirar, y cómo no  ver como construyeron con sus propias manos los Campamentos, ver como lo administran año tras año y verlas como gestionan todo un pueblo, verlas como madres, y asentadas con total normalidad en una sociedad que no deja de crecer bajo su mirada inquietante, sí. Son esas madres de piedra, que hoy como todos los días felicidades.

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Felicidades RASD, felicidades pueblo Saharaui y simpatizantes, seguid, no decaigáis ni un segundo, cuando las cosas vayan mal, alcen la mirada, fíjense en todo lo que hasta hoy han conseguido, fíjense en los tantos pueblos que nos han reconocido, fíjense y mucho en las arrugas del anciano que hoy con su “darra” canta el himno con lágrimas en los ojos y con la única pregunta del “cuándo será el día que descansa en su casa” fíjense también y mucho en el niño que lleva una bandera, ese mismo que ha cogido el micrófono hace 40 años para hablar de su República Árabe Saharaui Democrática, fíjense, porque sus voces se están escuchando. Desde aquí felicidades.

Benda Lehbib Lebsir.

Imágenes: Carlos Cristóbal.

 

Viajar, es vivir.

Cabalgar, viajar y cambiar de lugar recrean el ánimo. Séneca.
Siempre he dicho que el viaje al Badia es una experiencia recomendable para todos. Es un lugar que sólo los Saharauis conocen, y tanto es así que en la nada pueden dar con el punto exacto de donde está quien buscan, es increíble.
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Recuerdo la última vez que fui al Badia. Los días previos a la partida nos encargamos entre todos los miembros de mi familia a preparar el material que necesitariamos durante nuestra estancia en los Territorios Liberdos, que era bastante poco, un par de mantas y una jaima que mi madre había cosido durante varios meses, además de todos los enseres domésticos.El viaje en sí no era un viaje de turismo, ni mucho menos, era el viaje del reencuentro.
Insisto, sólo los Saharauis conocen ese terreno, allí han vivido verdaderas historias y es el viaje de su retorno. En el coche viajábamos varios familiares y con nosotros un señor conocido de la familia. Un hombre bastante mayor de edad, aunque a decir verdad no sabría que edad aproximada tendría, pero sus arrugas y su oscuro turbante delataban que era un hombre que no había tenido la vida nada fácil. Su sencillez de adivinar, de guiarnos a los demás en el viaje desató rápidamente mi curiosidad por estudiarle; conocía el terreno como la “palma de su mano”, era admirable.
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Llegado un punto donde todo era desierto, miraras por donde miraras, no sabrías nunca si a cientos de kilómetros llegarías a tú destino o no, pero se respiraba una paz absoluta. Sólo el aire que daba contra aquellos coches y aquéllas pequeñas sombras de una cazuelas apoyadas encima de unas piedras con el olor a la carne daban por hecho que por allí andaban personas.
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La Badia no es más que eso, la sencillez del beduino Saharaui en estado puro, el levantarse y rápidamente beber un poco de leche, mientras toda la familia se reúne no para planificar, sino para estar juntos que ya era el plan perfecto. El pequeño rebaño de cabras sube y baja aquella montaña de Mheiris como quien goza de libertad absoluta, pero sí, es que los territorios liberados (la badia) es la libertad del Saharaui y el Saharaui en libertad personificada.

“Lo bello del Desierto es que en algún lugar esconde un pozo”
Antonio de Saint-Exupery.
Benda Lehbib Lebsir.
Imagenes: Hasana Sidi Albachir.

La temida despedida…

 

Los adioses en un lugar, son la bienvenida en otro.

Despedidas que se hacen eternas y de pronto todo empieza a despejarse. Cuando uno aterriza en los Campamentos en lo último que piensa es en irse, por eso el estar allí el tiempo que sea una semana dos e incluso meses siempre lleva a su temida despedida.

Los días pasan volando, e incluso el primero que tras muchas horas de viaje, uno nunca llega a descansar. Todos pasan a saludar y a dar sus calurosas bienvenidas de largas horas acompañadas del té, y como es habitual, los niños también están allí presentes con su tímida mirada saboreando un caramelo como sí de un gran tesoro se tratara.

Pasan los días, y uno nunca se da cuenta de la llegada del final, siempre quiere más, siempre es el “que bien se está, cuando se está bien”. Es increíble.

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Recuerdo con exactitud las palabras de mis padres cuando nos  despedíamos, eran las mismas, exactamente las mismas que  me llevan diciendo desde hace más de una década. Nunca entendí la sensación de “apagón” que se creaba en mí el último día, me incapacitaba hasta para hacer la maleta, hecho que sólo mi madre es capaz de entender, la misma que dos horas antes de partir anda a toda prisa rematando los últimos detalles y llenándome de paciencia y sobre todo de confianza en mi misma.

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El último día se hace eterno, quizás la noche anterior observando las estrellas en el patio de mi casa explicaría bien lo que me esperaría para al día siguiente, pero ni con las tantas veces que lo hice, ni con el “bajón” que se me crea soy capaz de afrontarlo. Es ese silencioso amanecer ese mañana a estas horas  ya estaré en otro sitio, esas desapariciones inexplicables de familiares que de pronto pierdes de vista porque no te quieren despedir para evitar el dolor del adiós, esas comidas con el nudo en la garganta y tragando saliva, intentando hacer un repaso de lo que habría sido una experiencia fantástica como siempre, ese atardecer repentino que de pronto llega y es de hora de marcharse.

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Arranca el coche, y con ello lágrima tras lágrima, el camino de la Jaima al coche que no pasan de ser 2o metros se convierten rápidamente en kilometradas infinitas, esos abrazos, o ese venga ya no te queda nada para volver, esos segundos que solo se escucha el “motor del toyota” que te va a llevar a la Wilaya o al aeropuerto directamente,  o por lo mismo el momento que bajas la ventanilla estiras el brazo como quien no se quiere ir, pero se tiene que ir, ese instante que están toda la familia fuera de casa despidiéndote, o ese que Alah te proteja de mi madre, no lo cambio por nada. “El viaje a los campamentos, es la muestra de amor más sincera” me decía una conocida tras viajar a los Campamentos, suscribo y hago mía su reflexión, porque en donde no hay otra cosa, una muestra de cariño puede ser, un mundo.

Benda Lehbib Lebsir.

Imágenes: Georgia Ninet y Manna.