El viaje a los Campamentos, una experiencia que contar.

No sigas a donde el camino te lleve. En lugar de eso, ve donde no hay camino y deja una huella.  Ralph Waldo Emerson.

¿Habéis pensado alguna vez en las curiosidades que llaman la atención de los Saharauis tras vuestra visita a los Campamentos de Refugiados?

Hagamos un viaje juntos y yo os cuento, mirad, antes de que lleguéis suelen ser los días de los preparativos, de ponerse la familia Saharaui al tanto de quiénes vais a visitarles y, sobre todo, de poner cara a los que por primera vez llegan de visita. Se pintan las habitaciones y se tiene todo colocado y ordenado para que os sintáis como en casa.

Llega el día y soléis aterrizar desorientados, perdidos y a la par emocionados. Hacéis cosas realmente graciosas como andar descalzos por allí o, por lo mismo, entrar en la jaima con las deportivas puestas. Todo llama vuestra atención (los niños de vuestra casa y los de la vecina de enfrente, también).  Pero el momento cinco  estrellas sin duda es cuando entran familiar a saludaros y empezáis con el intento fracasado de “simular” el largo saludo de los Saharauis.

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También hay otros momentos graciosos para ellos, como por ejemplo cuando andáis por la jaima tapando a los niños que por allí se encuentran dormidos. Ay,  o ese ratejo del atardecer y el veros corretear por allí jugando, o haciendo fotos a todo, incluso a las cabras en su corral. También, les he visto tropezarse con la cuerda de la jaima por no llevar linterna. Pero si me tengo que quedar con un momento es, sin duda, el de ir al baño y salir corriendo por ver una cucaracha que por allí asomando el hocico.

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Son inmensos los momentos que se acumulan y que pasan directamente a ser grandes recuerdos. Sin olvidar vuestra constante y reiterada  disponibilidad por recoger la mesa después de comer o doblar las mantas cuando os levantáis o intentar lavaros la cara en el “magsel con el magres”. Es increíble.

Y ¿Quién no ha intentado hacer el té, mirar, encogerse de hombros, colocar las piernas, y estar atento al humo que sale de la tetera? Y siempre es lo mismo de ¡a mí no me sale esa espuma, estos tienen un truco!

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Y ya para que nadie se sienta excluido,  quiero destacar el momento de intentar taparos la cara, de poneros el turbante en la cara y respirar profundamente ¡si me ven así, se pensarán que soy saharaui! dicen los más atrevidos mientras provocan el sí con firmeza de un Saharaui que se está aguantando la risa.

Y para impactos buenos tengo que decir que tras 9 años en España, cada vez que voy a los campamentos paso por todas esas anécdotas, provocando su risa y sin duda no hay mejor satisfacción que romper su rutina como si es haciendo las cosas bien o mal. O por lo menos, intentar imitar y adaptarme a aquello que no deja indiferente a nadie, porque viajar lo que es viajar, lo puede hacer cualquiera, pero viajar a los Campamentos de Refugiados, regresar enamorado y dejarles con el mismo sentimiento, no lo hace cualquiera.

Benda Lehbib Lebsir.

Imágenes: Marissa Vidal.

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3 pensamientos en “El viaje a los Campamentos, una experiencia que contar.

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