15 Años en Casa.

Creí que era una aventura pero en realidad era vida.

Esto es como las buenas decisiones, siempre se dejan para el final. Hablar de mi familia lo he hecho siempre que he tenido oportunidad de ello y esta vez no iba a ser menos, la ocasión lo merece, y digo ese MI posesivo, porque son mi familia y así me siento en casa, como una más.

Desde el primer día supieron encajarme a la perfección a una familia ya hecha, un matrimonio, dos hijas, y un tío que no deja de ser un hermano para mi. Supieron exprimir al máximo aquel verano que daría un giro de 180 grados en nuestras vidas. Soy afortunada lo sé, me habéis demostrado esos valores que día tras día he intentado “imitar”, esa humildad, generosidad, sencillez y bondad que os he intentado robar más de una vez. Gracias.

Me sumo al aplauso unánime de todos aquellos que creen que las familias acogedoras son un pilar imprescindible en la vida de los niños que acogen. Y así es. Sois mi familia. 15 años y se dice poco, habéis estado a la altura y os confieso que sois la mejor familia que jamás soñé tener, habéis apostado por ayudar a mi pueblo, mi familia y por supuesto a mí personalmente, me habéis brindado todas y cada una de las posibilidades de crecer y sobre todo de creer en que un obstáculo para quien tiene ganas, nunca puede existir.

Me habéis enseñado un idioma, una cultura, un saber estar y sobre todo habéis respetado mi idioma, mi cultura y mi “estar a dos caballos” como quien dice. Gracias familia.

“Dos de las cosas que más nos asustan en la vida, son las decisiones y los cambios”.

Tras muchos veranos yendo y viniendo, aterricé para quedarme, me quedé a estudiar, y los años siguen pasando, la decisión fue meditada, el cambio brutal y ahí estuvisteis día sí y día también y el resultado fantástico.

Gracias por apoyarme, enseñarme, entenderme, cuidarme, quererme, y sobre todo por ser mi FAMILIA. No nos elegimos, está claro, pero aquí estamos como que fue ayer cuando papá quiso un “chiguito” y aparecí yo en casa.

Una de las mayores suertes de la vida, es poder compartirla con quien quieres y te quiere, y yo tengo esa suerte. Brindo por estos 15 años, y por otros 15 como poco… Gracias.

Benda Lehbib Lebsir.

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Un acogimiento TEMPORAL.

                                              
 

Lo bonito y gratificante del proyecto Vacaciones en Paz es eso, el lazo que se crea entre dos mundos totalmente distintos, dos familias, dos culturas, y el único vínculo entre ambos es el niño. El lazo se estirará, se aflojará, pero nunca se debe romper.

Por un lado, cuando los niños llegan a España por primera vez cuesta, y cuesta bastante, lo que es la adaptación social. El contraste de costumbres, idioma y rutinas hace que los primeros días sean un poco difíciles para el niño pero también para la familia.

Mi madre saharaui, siempre decía que “os acogen con los abrazos abiertos, debéis de comportaros como es debido” y en gran medida es así o eso intentamos en la mayoría de los casos.

Por otro lado, no todas las familias son iguales, ni todas tienen el mismo conocimiento de la causa saharaui cuando acogen por primera vez, cosa lógica, ni tampoco todas se involucran por igual una vez que el niño ya no le corresponde venir y deja paso a otros. Pero si hay que destacar algo, es que todas tienen un denominador común y son las ganas de ofrecer su cariño, afecto, y desde mi experiencia creedme que se agradece.

El programa de Vacaciones en Paz es de gran interés para el pueblo saharaui, y sus resultados son magníficos. Pero a veces las cosas se hacen mal, se nos olvida que esos niños tienen padres, hermanos, amigos… y el niño saharaui se queda en España y tras muchos años nos acordamos, en el mejor de los casos, de que tiene que regresar. Y la culpa de no haber hecho las cosas bien siempre es de alguien ajeno (el famoso pasaporte, o los papeles para las familias saharauis que desconocen el tema).

Luego, claro, conoces a las madres biológicas y les ves llorar lágrimas a mares, desconsoladas por que hace años que el niño no va, ¿sabrá quienes somos o ya no?  Me preguntaba una conocida que lleva nueve años sin ver a su hijo. Ahora bien, ¿Es justo eso lo que queremos para el niño al que ya consideramos como nuestro hijo?

“Eres mi hija pero también tienes tus padres” me recalcaba mi padre de acogida cuando hablábamos de este tema, el mismo al que le preguntan por mí y siempre responde con lo mismo: “nos ha robado las tres C, CABEZA, CORAZÓN Y CARTERA.”

Puede ser que; algo estamos haciendo mal, no sé si en el “Vacaciones en paz” o en otro tipo de proyectos, cuando nos “apropiamos” de niños que tienen padres, origen, costumbres, etc.
Está muy bien la labor y el esfuerzo por parte de la familia acogedora de darles una oportunidad para que estudien, se formen, y sean alguien en el futuro, ¿pero ser alguien en ese futuro incierto es eso de que pierdas tus orígenes y seas don nadie para los tuyos? ¿Es eso lo que quisiéramos que hicieran a nuestros hijos biológicos?

Dicho esto, a todos los que os esforzáis día a día porque mantengamos el contacto vivo con los nuestros, para que no se nos olvide nuestro destino pero tampoco nuestro origen, gracias.
Desde aquí deciros que ese lazo, ese vínculo,  jamás se romperá.

Y que bonito es poder añadir una “S” a la palabra más bonita dicha por un hombre PADRES, es la suerte de tener cuatro padres y el doble en todo.

               ¡Porque somos vuestros hijos, pero también tenemos nuestros padres!

Benda Lehbib Lebsir.

Imagen:Juanjo Miera.