Me hablaron de todo menos del sacrificio.

“No importa tanto el resultado sino el esfuerzo que supone para ti, para la familia que generosamente te acogen, te educan, te ayudan, te quieren, y un sinfín de cosas que hacen por ti a lo que estaré siempre agradecida. Pero también es para mí un esfuerzo importante, el que te vayas, el que te hagas mujer en un mundo totalmente cambiante, y el que crezcas día tras día y no pueda estar físicamente allí”, me decía mi madre un día de los muchos que hablo con ella sobre el tema de estar, estudiar y formarme en España.

No sólo son los nueve meses de estar lejos, de ponerme al día, al nivel que muchos compañeros de clase, al nivel social de comportamiento, actitud, y siempre sin perder de vista de dónde procedo, el tenerlo ahí presente día sí y día también.

Son nueve meses de sacrificio, de buscar siempre el eje de coordenadas en una pirámide que no deja de crecer, e incluso, a veces, mantenerse, el estar a caballo entre dos mundos, literalmente.

Hablar un idioma, pensar en otro, actuar de una manera y siempre tener la otra presente… En ocasiones no está de más parar, mirar atrás y ver todo lo que uno va consiguiendo, el tiempo pasa y nosotros crecemos, cambiamos, nos acomodamos, nos conformamos e incluso, a veces, nos permitimos el lujo de compararnos, cosa que no siempre es buena. No sé en qué momento decidí quedarme a estudiar en España, tampoco sé si entonces pensé en todo lo que supondría, en todas las dificultades que podría tener, ni si quiera pensé en aquel momento si iba a llegar a donde he llegado, pero lo que si sé y con total certeza es que volvería mil veces a ese septiembre del 2007 y volvería siempre a tomar esa decisión.

Las decisiones que tomamos en un momento dado, a veces, son el camino correcto para la construcción del famoso proyecto de vida que a corto o largo plazo vamos “entablando” nunca está de mal tener éxitos, pero tampoco está de más, de vez en cuando, fracasar, ir poco a poco, sin prisa, pero sin pausa, no importa si un día decides que tú cerebro se convierta en ese disco duro en el que sólo son los pendrive los que se intercambian continuamente, tampoco importa eso de que un día despiertes y tengas la necesidad de gritar en un idioma que no sepa nadie, ni que nadie te entienda, es más, es

maravilloso ir por el mundo llamando la atención con un color que te distingue, una bandera en la mano que te identifique, un apellido que cuando lo intenten pronunciar siempre te pregunten por el ¿de dónde eres? Y orgullosamente digas en voz alta soy Saharaui.

Es maravilloso que te busquen entre el montón para saber si estás ese día en clase o no porque de tu nombre sí que se acuerden, aunque la mayoría de las veces lo pronuncien mal. Es también fantástico que, mes tras mes, vayas viendo lo asentada que estas en un sistema fácil y a la vez difícil para ti, pero lo que sí es maravilloso es que con el paso del tiempo vayas viendo que los resultados en la mayoría de las veces van conforme a tu trabajo.  Que no importa tanto el dónde vas, pero sí importa de dónde vienes, porque gracias a eso, por muy difícil que sea y por muy complejo que sea entenderlo, estás hoy donde estás.

 

Cuanto más hacemos, más podremos hacer
W.Hazlitt


Benda Lehbib Lebsir.

Foto: Jalil Mohamed (Tv RASD)


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Pequeñas aclaraciones: Los niños saharauis son NIÑOS.

Los menores saharauis procedentes de los campamentos no tienen ningún tipo de carencia afectiva, vienen a pasar una revisión médica la cual en los campamentos no podrían disfrutar, a conocer otra cultura, un idioma y sobre todo a convivir con quienes durante la época estival se convierten en improvisados sustitutos de sus padres.

Improvisados, porque no dejan de tener sus padres, sus hermanos, su familia, vienen los años que pueden venir y la experiencia es lo que se llevan, a parte del cariño y una familia que supo estar ahí.

Los caprichos que puede tener un niño saharaui, porque los tiene, no hay que engañarse, (puede querer todo tipo de lujos innecesarios ) tienen que recordarte que no deja de ser un niño y que quiere lo que ve; ahí está vuestro papel para educarles, enseñarles a querer priorizando según sus necesidades, y sobre todo según nuestros recursos. 

Si se puede bien, y si no pues, no se puede, pero evitemos etiquetas y juicios innecesarios. Los niños son niños y están en continuo proceso educativo. Somos los adultos los que tenemos “la sartén por el mango” para guiarles.

Los niños vienen, se divierten, cambian de rutinas, y creedme que a esa edad están durante todo el año hablando de su verano… es la eterna sintonía que tienen con lo que les vincula con la familia acogedora que nunca les hace olvidar lo que aquí han vivido. 

Insisto, son niños, con ellos, como con cualquier otro niño, hay que ser paciente sí, pero también hay que saber decir que NO, cuando es que NO. Flaco favor les hacemos si en vez de educarles les maleducamos porque no dejan de ser dos meses, y no por darle más, hacemos más, no, se da de lo que se puede, y se educa igual que educamos a nuestros hijos. 

En definitiva los niños saharauis vienen con muchas ganas de pasar dos meses distintos pero por favor, no rompan sus hábitos porque vengan ellos, sigan con su vida normal, sigan con sus horarios, que los niños en tiempo récord se adaptarán, creedme, y si no darles su tiempo, poco a poco, sin prisa pero sin pausa. 

                        “Con amor y con paciencia, nada es imposible” Daisaku Ikeda.

Benda Lehbib Lebsir.

Foto: Jalil Mohamed (Tv RASD)

¿Y qué hacemos con un niño que viene por primera vez?

Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo. Eduardo Galeano.

El Vacaciones en Paz, ese proyecto que tiene por objetivo el que miles de niños saharauis disfruten de unas vacaciones diferentes, conlleva también la bonita experiencia de los primeros días de un niño que viene a España por primera vez.

Es curioso pero los niños llegan con un único tesoro su mochila, una melhfa para la mamá acogedora, un par de pulseras y, en ocasiones, una carta que ponga en conocimiento de la familia la situación del niño.

Se acercan los días y los nervios aumentan cada vez más, los niños aterrizan desorientados, con miedo y felices a la par, es entendible porque es la primera vez que salen de su “nido” y aterrizan en un mundo totalmente distinto al suyo.

También es normal que les sorprenda y muchísimo un grifo abierto, que lo abran un y mil veces, ahora un chorrito, ahora otro chorrito, hasta llenar la bañera y oír su carcajada a cientos de kilómetros.

También es normal muy normal y entendible el que pregunte por el nombre de la gente, o por supuesto, el que muestre su lado tímido aunque en casa no deje de imitar todo lo que oye, que no quiera dormir en la cama, que se siente en el suelo, que ande descalzo, que no sepa usar los cubiertos, que quiera rezar en su cuarto, que los primeros días coma poco, bastante poco, e incluso, a veces nada, que pregunte sobre lo que está comiendo, eso, todo eso entra dentro de lo normal. O que llore, los niños lloran porque sí y no hay que agobiarse por ello. Echan de menos a su familia y con el paso de los días se van haciendo con la situación. A todo ello hay que añadir su fascinación por los ascensores, los edificios, el sentarse en la piscina y empezar a arrancar la hierba como si no hubiera mañana, su cara los primeros días es un verdadero poema.

Y para poema,el llevarles a la playa por primera vez y siempre es la misma reacción “uy la arena del Sahara ¿y este agua nunca acaba?” Hay que verlo y, por supuesto, vivirlo.

Acoger a un niño saharaui, es una lección, una lección para el niño y también para la familia acogedora. Se ponen a prueba muchos factores pero entre los más importantes quizás sean nuestra capacidad de dar sin esperar, el de dejarnos llevar, el de apreciar lo que tenemos, porque está claro que acoger es un acto de amor que no entiende de fronteras.

Benda Lehbib Lebsir.

¿Por qué creemos en el Vacaciones en PAZ?

“Y es entonces cuando te das cuenta que de un pequeño gesto haces montañas, que un simple paso marca tu vida, para siempre”

                                                       ¿Porqué el Vacaciones en Paz?


El Vacaciones en Paz es ese programa “proyecto” que permite salir de los Campamentos de refugiados a miles de menores saharauis, de salvarles de las altísimas temperaturas que pueden alcanzar en la zona. Este proyecto tiene por objetivo que los niños conozcan otra cultura, otro idioma, un chequeo médico que en los Campamentos no podrían disfrutar y sobre todo disfrutar de una experiencia que no deja de ser un sueño hecho realidad. El niño que llega a casa a todos los efectos es nuestro hijo, vayamos donde vayamos, de vacaciones, a la playa, a la piscina, le llevamos. Es nuestro hijo.

La experiencia es fantástica, lo digo desde mi punto de vista como saharaui, y sobre todo desde mi experiencia, los primeros días son algo difíciles, como es lógico, para los niños y también para las familias, biológica y por supuesto la acogedora, es comprensible. Pero, luego nos “acoplamos” los unos a los otros.
Los niños llegan deseosos de vivirla, pero no dejan de ser niños, se portan bien o mal, y en este último caso hay que reñirlos tal y como lo hacemos con nuestros hijos. Hay que educarles y sobre todo respetar el que su comportamiento los primeros días sea diferente, (que coman con la mano, que quieran sentarse en el suelo, que quieran dormir en el suelo, etc). No deja de ser su costumbre, por eso, hay que enseñarles y no dar por hecho que tienen que saber lo que no saben.
El vacaciones en paz no deja de ser un guiño de la solidaridad bien entendida, del compromiso y sobre todo del dar sin esperar. A los que os convertís en las épocas estivales en improvisados padres, gracias.
Gracias a los que hacéis el esfuerzo porque esta experiencia se repita cada año, a los que nos hacéis sentir como en casa, a los que respetáis nuestra procedencia y nos hacéis estar a dos caballos, porque sin vosotros el programa vacaciones en paz no tendría sentido.

Benda Lehbib Lebsir.

In memoriam: Mohamed Abdelaziz.

“No luchamos por nuestra generación, ni por la de nuestros hijos, luchamos por todas las generaciones saharauis”

Mohamed Abdelaziz.

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El difunto Mohamed Abdelaziz.

 

Ve en paz, descansa presidente, lo has hecho bien, créeme. Fuiste el presidente de las generaciones del exilio. Fuiste padre de tus hijos y también el de todo un pueblo. Alzaste la bandera de la libertad y te seguimos todos hasta el último momento. Lo hiciste bien, créeme. Tan bien, que hoy tu país es reconocido por decenas de países.

Tú valentía de seguir te hizo ser el líder de un pueblo que sigue tus pasos. Te has ido físicamente, y queda lo que de ti aprendimos. Con tu voz en el alza y tu mano izquierda con el símbolo de la victoria te recordaremos siempre. Sencillo, siempre sencillo y con una sonrisa estrechando la mano o abrazando y saludando a quienes se cruzan en tu camino. Fuiste el hombre que apostó por la vía pacífica y la estabilidad de un país que cuanto menos quería volver a las armas, y lo hiciste bien, créeme.

Supiste con sensatez implantar la calma donde había viento, supiste regar y hacer creer en que la resistencia del pueblo debía ser una bandera, y lo conseguiste. Hiciste llorar a cientos de compatriotas en más de una ocasión con tu voz inquebrantable y el grito de “kula lwatan aw achahda” y lo hiciste bien, créeme.

Fuiste el presidente que abría las puertas de su casa, recibía a quienes por allí pasaban a saludarte, tu “ya awladi lwatan zuma alwatan” “hijos la patria y la patria” en más de una ocasión hizo de ti ser el presidente de la eterna juventud. Nos hiciste creer que eras invencible, plantaste cara al dolor, al sufrimiento, a los reproches internacionales que no entendían de tus 40 años de presidente y ganaste, te fuiste tal y como viniste en silencio, dejando el paso y cediendo, haciendo que tú pueblo hoy no lloré tu ausencia física porque sigues presente.

Nos hiciste creer que no había cabida para quienes apostaban por el tribalismo, implantaste el sistema de “wahad wahad w chaab sahara wahad” “uno uno uno el pueblo saharaui es uno” y te fuiste como viniste siendo uno más. Allá donde estés, descansa, porque lo hiciste bien, créeme. Y mira si lo hiciste bien, que hasta Marruecos celosamente te envidia, y no te creas que eso sea malo, todo lo contrario es un piropo. Ve, ve en paz presidente. Que lo hiciste bien, créeme.

“La vida no debería ser un viaje hacia la tumba con la intención de llegar a salvo con un cuerpo bonito y bien conservado, sino más bien llegar derrapando de lado, entre una nube de humo, completamente desgastado y destrozado, y proclamar en voz alta: ¡Uf! ¡Vaya viajecito!” Hunter S. Thompson

Benda Lehbib Lebsir.

Imagen: Mohamed Chagaf.