Del reencuentro os hablo.

De nuevo un hola significa siempre un hasta pronto en otro lugar.

 

Tras 9 duros meses de esfuerzo y trabajo, tocó volar y aterrizar de nuevo. Esta vez mi destino me lleva regresar a mi casa. Y ésta está en el desierto más inhóspito del mundo, la hamada argelina. Pero tampoco lo es tanto si pensamos en quienes lo habitan (mi familia y mis amigos), y en las ganas que conllevan el reencuentro tanto tiempo ansiado.

Es difícil a veces pensar en todo lo que uno se pierde en tanto tiempo; en las fiestas y celebraciones que no hacen más que juntar por un tiempo a toda la familia; también las infinitas tardes tomando el té, o por lo mismo las noches que se pasan como quien mira la carta hambriento con la impaciente mirada de un camarero que pretende hacer bien su trabajo.

Y qué decir de las llamadas, de los mensajes de ánimo, que en la mayoría de las ocasiones son la sobredosis de ánimo que uno se inyecta para creer inconscientemente que pronto se verá con los suyos.

Y cierto es, llegó el día, los nervios hacen invisible las interminables horas del viaje, los infinitos minutos, que juraría que eran horas mientras peleaba con una maleta que me sigue ganando la batalla con el peso, al que siempre planto cara como si de una guerra se tratara.

Silencios,  y en la mayoría de las veces sólo ponerme los auriculares para escuchar una buena música hacen creer que aquellas horas en el aeropuerto no eran más de lo que parecían en realidad.

Poco a poco, por imposible que pareciese, las horas se van acercando, y cada vez los nervios son más, los aplausos de unos impacientes viajeros hacen guiño a sus nervios, y con ello aparentan agradecer el buen trabajo realizado por los pilotos. Pero no, la ilusión es llegar, y acaban llegando.

Coger las maletas en Tinduf es casi una odisea, buscar desesperadamente a los familiares que esperan al otro lado de la puerta es una misión casi imposible, pero acaba llegando, y ¡por fin en casa!.

Besos, abrazos, saludos interminables, niños que pasan en busca de caramelos, mi madre que pregunta por todo, incluido por lo que ya sabe, la cosa es que hable, y esta vez lo consigue, la miro, me río y sigo contando mis anécdotas…Porque los reencuentros es eso, aún yendo lejos, muy lejos, siempre hay un punto de inflexión en el que dos polos se acaban encontrando.

Benda Lehbib Lebsir.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s