La vuelta a casa de los pequeños embajadores.

Nuestro destino nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas. Henry Miller.

Todo el año preparándolo para que dos meses parezcan menos de una semana.

Se esfuma el verano,  y con ello el aroma de los pequeños embajadores que a lo largos de estos días aterrizan en los Campamentos para contar su experiencia y hacer que su familia biológica sea partícipe de los recuerdos que solo les retiene la retina y el corazón.

Son muchos los momentos que solo las lágrimas de las familias  y por supuesto de los niños en el aeropuerto pueden explicar.  

Atrás quedaron las mañanas de compras, las tardes de piscinas, y bici  por el pueblo y las tantas noches de terrazas y helados mientras van pasando los días y en un cerrar ojos nos encontramos nadando en la infinita e interminable guerra de las maletas y por supuesto de los kilos.

“Me estresan” Decía mi madre con firmeza cada vez que se acercaban los días y curiosamente no se cómo lo hacía pero alguna fórmula mágica había, cuando todo lo que se proponía acababa llegando a mi casa en menos de 24 horas desde que salía de Palencia.

Llega el día, y los nervios van en aumento. La gran preocupación pasa a ser ¿dónde lleva la niña la propina? Repetía mi madre una y mil veces a lo largo de esos días y con razón.

Recuerdo con exactitud;  ver a mis padres en el montón de la gente en el aeropuerto intentando aguantar las lágrimas pero siempre les juegan mala pasada y acaban cayendo poco a poco al efecto dominó. 

Las horas de espera son interminables, pero si algo bueno tiene ese momento es sin duda,  el reencuentro con los amigos y las inmensas ganas de contarles todo, absolutamente todo. Y es entonces cuando  un viaje que puede ser infinito se pasa volando.

Buen viaje y atenta a tus maletas” “cuando llegues llámanos” “dales recuerdos a tus padres” las frases que más repiten mis padres cada vez que me giraba hacia ellos mientras me colocaba en las filas de embarque. 

Son los días  que quizás muchos no querían que llegasen nunca, pero todo llega porque un adiós en un lugar es un hola en el otro. 

Si diez meses son interminables imaginaros 41 años en las mismas condiciones… Aquello es infinito.

Benda Lehbib Lebsir.

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Lo urgente y lo importante en los Campamentos de Refugiados.

Una vez me dijeron que lo urgente no deja tiempo para lo importante.

¡Cuánta razón y qué pena!, ¿no?.
Qué pena que con el poco tiempo que tenemos, lo gastemos en cosas que realmente no son importantes. Cuando ahí fuera, en el lugar que sea, ¡hay cosas que realmente necesitan un poquito de tiempo!. Aunque sea lo más mínimo.
Pero tenemos la mala costumbre de centrarnos en aquello que nos urge en el momento, sin pensar en lo que realmente hay.

Tratamos siempre de buscar excusas para dejar de lado lo verdaderamente importante, simplemente porque tenemos algo urgente, pero no por ello más importante. Y no nos damos cuenta de que las excusas caducan. Y el tiempo, también. Que no vuelve, por mucho que queramos. Y que mañana ya será tarde.

Los días son cortos, aunque nos parezcan largos, los días acaban, y el siguiente no volverá a ser igual. Párate un segundo a pensar cada día, piensa en todo lo que tienes que hacer, en lo que realmente interesa. A veces, lo urgente puede esperar, y lo importante no. Un día “normal” esquivando los 50° grados, puede ser de los importantes, e incluso de ese club de los urgentes.

Les he visto locos, muy locos, y luego están los Saharauis. Son gente de otra pasta como quien dice. No distinguen bien entre lo urgente y lo importante, lo mezclan, y es ahí donde realmente reside la clave. Nunca se quejan, y cuando lo hacen es porque algo extraño está sucediendo, o sea, nunca.

El verano en los campamentos se resume en dos palabras: cuando sale el sol, y cuando cae el sol. Hacen una vida totalmente casera, y aún así hay quien se atreve a madrugar, lo que para ellos sería las 7 de la mañana. A esas horas ya están haciendo malabares para que no le dé el sol. Les conozco con nombres y apellidos. Doy fe.

Intentan en la medida de lo posible llevar una vida cotidiana, y en ocasiones es misión casi imposible. Les he visto ayer mismo a las 2 de la tarde moviéndose por Rabuni a pie, cuando a esas horas del mediodía ni el motor de un coche podría arrancar.
Pegaba un sol de justicia, y allí estaban ellos, yendo y viniendo, diría  más bien sobreviviendo.

Las diferencias entre las familias saharauis son casi imperceptibles, reparten entre sí lo poco o lo mucho que tienen, y es entonces cuando lo urgente se vuelve su aliado y el calor pasa a segundo plano.

Les he visto locos, muy locos, y luego están los Saharauis. Que bajo los 50° grados intentan llevar una vida normal, con escasez de recursos, aquí no hay piscina, ni tampoco playa. Los ancianos y los niños que son quienes más sufren el calor ni saben lo que es. Pero ellos se empeñan en seguir, en plantarle cara al calor y no desistir.

Sólo hace falta saber qué es lo importante, y qué es lo urgente, para medianamente entender su locura.

Benda Lehbib Lebsir.