Yo de mayor quiero ser como tú.

 

 

 

Nunca tengas la certeza de nada, porque la sabiduría comienza con la duda. Freud.

 

Mira que eres valiente…

Creo que me faltarían días para agradecerte cada uno de los segundos que me has regalado, incluso desde antes de que llegara a este mundo. Quiero decirte,  que no pude estar en mejores manos, que me acariciaban cuando estaba en ese sitio tan oscuro, entre aquellas telas de una jaima, que lejos de tener luz eléctrica tenía tu sonrisa, y con eso brillaba el lugar. Ni siquiera pude escuchar mejor voz diciéndome cosas bonitas cuando inventabas canciones para que yo pudiera conciliar el sueño.

Hazme caso, tengo mucho que agradecerte, y creo que estaré en deuda toda la vida contigo, porque esto no se puede pagar, ni con todos los besos del mundo. Y sé con certeza que tampoco me pides más que eso.

Que valiente eres, sin recursos supiste hacer frente a las necesidades de tu familia, porque aún recuerdo cuando me intentabas inculcar aquello del ser agradecido, y repetías una y mil veces “llegamos a tener dos esterillas durante años y aquí no había quien se quejaba”

Me aguantaste después de nueve meses. Te di mil noches en vela, cientos  litros de lágrimas y preocupaciones. Y, aún así, sigues resistiendo como nadie. ¡Menuda heroína!.

Después de ahí ganaste mil batallas. Superaste, con papá, noches sin dormir, llantos a cada instante sin ningún motivo, tropiezos hasta en lo más llano, y horas para darme de comer. No solo en los primeros meses, estuviste ahí en todo momento, hasta el día de hoy. Superando cada etapa conmigo, cada momento, cada sufrimiento y, sobre todo, cada alegría.

A pesar de todo, sigues convencida de que lo mejor es ir a formarse, que claro que te duele que nos separemos de ti con el dolor que supone tener lejos al ser que tanto quieres y proteges, pero también eres consciente que es lo mejor para nosotros.

Que las horas de esfuerzo, y de cansancio que llevamos a cuestas siempre, tienen su recompensa, como dijiste en infinitas ocasiones. Pero créeme, que ni con todos esos giros de noria, esa montaña rusa que llevamos a las espaldas, después de todo eso, siempre tenemos la mejor recompensa, tu sonrisa. Y mami, lo siento, pero eso sí que no tiene precio.

Sé que estábamos destinadas a estar juntas en esta vida, y no pude tener mejor rol en este mundo que ser tu hija. Gracias por darme este papel, y por poder disfrutar de alguien como tú día tras día.

Gracias por lo luchadora que eres, por trabajar tantas horas para hacerme la mujer que soy,también, tengo que darte las gracias por buscar soluciones para todo, y por no dejar que pase ni un sólo segundo sin que me recuerdes de dónde soy y a dónde tengo que ir, quizás a veces te falte razón, pero sin duda, siempre tienes corazón.

Te repito, una y mil veces, lo mucho  tengo que agradecerte, seguiré en deuda toda esta vida,  y la siguiente. Es una deuda que jamás podré sanear por todo lo que haces por mí. Te mereces lo mejor, créeme.

Y no olvides nunca, que de mayor, yo quiero ser como tú, porque mira que eres valiente.

Benda Lehbib Lebsir.

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