Así como lo oyes.

Que bonita la vida
Tantas veces enorme
Te acaricia y te mima
Te hace sentir tan grande
A veces eres su niño
A veces enemiga
Que bonita la vida.

Dani Martín. (Que bonita la vida)

¿Quién dijo que fuera fácil? Nadie. Nadie dijo que nada de lo que hicieras fuera fácil, y lo cierto es que valdría la pena intentarlo todo. O casi todo, no dejarse nada en el camino, y sobre todo que estamos en la perfecta edad de arrepentirnos y no quedarnos con las ganas. Que la vida es caerse, tantas veces como sea necesario. Pero también es levantarse. Que lo importante de todo esto es no encariñarse con la piedra. Porque te hará volver a caer y ahí ya eres tú y no es la pierda. Hazme caso.

Que la vida es esa que va, y viene. Sin avisar. Sin ningún manual de instrucciones, sin previsiones. Nada. A su bola y a su manera. La vida, es esa marioneta que le encanta improvisar, pero es que improvisa contigo, y con todos, no te creas tú que es capricho de la humanidad, de eso, nada. Que la vida, amigo, ni siquiera ella sabe cómo vivir, y tú menos. Por eso hay que estar preparado y saber llevarlo lo mejor posible. Hablo de todo, incluida de tu voluntad, así como la vida misma.

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Te da errores, y no es que te les regale, es que te lo pone en el mismo camino. Muchos errores a decir verdad. Así para ponerte a prueba. Pero tranquilo, que sólo son para que aprendas de ellos. Para que cojas impulso. Para que vueles aún más alto la próxima vez. Para que ya sepas qué hacer y qué no. Y con quién hacerlo y con quién no. Para que no mires atrás. Ni para coger impulso. Que la vida te da palos. Muchos. Te da decepciones. Y te regala un poco de desconfianza. Pero luego siempre acabas agradeciéndolo. Créeme. Porque lo hace porque lo necesitas, porque es mejor darse cuenta de las cosas en el momento, que cuando sea demasiado tarde.

Porque la vida te da errores a ti. Sí, a ti que eres un luchador. A ti que eres un valiente, que sabes seguir adelante, que sabes llegar lejos a pesar de los miles de obstáculos del camino. Que la vida es eso, avanzar. Continuar a pesar de las miles de tempestades. Que después de la tormenta llega la calma, dicen. Y cuánta razón tienen. Que la vida seguirá ahí cuando todo se calme, y es entonces cuando te dará algo mejor. Porque las cosas pasan por algo. Porque si ahora pasa algo malo, será porque viene algo bueno. Seguro. La vida es así, sólo quiere enseñarnos. Y ponernos a prueba.

Y digo yo que, ¿habrá que aprovecharlo, no? Vamos a demostrarle que somos como se imagina. Que nos levantamos después de la peor caída de nuestras vidas. Y no hablo de nuestra primera vez en bici, ni del primer suspenso ni mucho menos. Vamos a demostrarle que utilizaremos la derrota para que nos lleve a una próxima victoria. Que no nos vamos a rendir. Que utilizaremos todo lo que nos pone delante para llegar a lo más alto. Para ser quienes queremos ser. Y no quienes quieren que seamos.

Y, sobre todo, vamos a demostrarle que, después de lo bueno, sólo puede venir lo mejor. Y es que ¿Quién dijo que fuera fácil? Como la vida misma, así como lo oyes.

Benda Lehbib Lebsir.

Imagen: Carmen Piñeiro Sánchez.

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Primer motivo para volver.

 Querida abuela,
Tengo algo que contarte,
Siempre me has ayudado,
Y quiero, abrazarte,
Expresarte con mis versos,
En lo que pienso, cada instante,
Por favor nunca lo olvides,
Eres tú la más importante.
 
Querida abuela (Kami Rapstyle) 
Quién soy yo para decirte nada. Qué sabrás tú, pensarás. Pues sí, lo sé. Sé de qué te hablo. Lo sé con tanta certeza que vas a creer que eres tú quien está hablando. Me explico, lo sé, porque he estado en tu piel. Lo sé porque he vivido esto, y sé lo que es llegar a un lugar cualquiera, y que ella lo haga el lugar perfecto. Pero también y tendrás razón si me lo dices, no tener ni la más remota idea de por qué. Pero es ella.
Quiero decirte que como un abuelo no hay nada. Créeme. Es quien te da sin recibir absolutamente nada a cambio, da aquello que ni tú sabías que existía. Que te llena de fuerzas cuando las tuyas flaquean, y te coge de la mano para llevarte lejos. Sin mapas, ni guías. Y también está para levantarte. Pero sobre todo,  está siempre para ti.
Yo soy de esos que creen que los abuelos deberían ser eternos y que a veces quieren tanto a los nietos que en vez de quererse a sí mismos se dejan querer. Son ese pilar inamovible al que todos accedemos de manera consciente o inconscientemente, porque sabemos que su respuesta es la que buscamos con gusto.
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Ahora, te reto a que te sientes y me cuentes todo y no vale hacer malabares y esconder la emoción. Te reto de verdad a que me hables de tus abuelos y que no te caiga ninguna lágrima, que no sonrías sino que me mires a los ojos y te quedes sin hablar. Porque sé de qué te hablo.
Ah y que no te dejes ninguna anécdota por el camino, esos remedios caseros que curaban cualquier enfermedad, esas propinas que escondían debajo de las alfombras que misteriosamente todos sabíamos que estaban ahí pero nadie se atrevía a coger. Esas noches en vela que tantas y tantas veces se ha levantado para taparte, o llamarte a rezar. Y no me quiero olvidar de las veces que te ha preparado un vaso de leche de cabra porque su cabra acababa de “parir” o las tardes que se dedicaba a preparar lagliya, o garta para repartirlo entre todos. ¡Ay esas veces.! Quién pudiese parar o rebobinar el tiempo.Venga, valiente, cuéntame todo eso, y no te lo dejes por el camino.
Vamos con prisas a todos los sitios siempre y nos olvidamos de que ahí el tiempo no pasa, que siempre hay quien nos espera vayamos cuando y como vayamos, siempre es “asal marahba w sahla” dicho entre lágrimas de emoción e imperativos hacia los demás de demostrar la misma ilusión de recibir a quien llega, para irse tristemente. Es maravilloso, llegar después de tanto tiempo y verla reír, ahí sentada donde siempre y disfrutar con las mismas ganas de siempre.
Porque ahora que lo pienso bien; allí donde hay alguien a quien se quiere muchísimo y donde hay alguien que nos quiere de veras, ese sí que es el lugar más bonito del mundo. Siempre serás el primer motivo para volver. Y no volver a marcharme.
Benda Lehbib Lebsir.
Imagen: Abdelmajid Balla.
Canción: Querida abuela (Kami Rapstyle)

¿Derechos Humanos?

La injusticia, en cualquier parte, es una amenaza a la justicia en todas partes.

Martín Luther King.

Derechos humanos y humanos sin derechos. Queridos derechos, y estimados humanos hoy os escribo para deciros que gracias por estar ahí. Gracias por ser esa palabra que todos sabemos que existe o al menos en el diccionario, y que pocos disfrutamos de ello.

Me hablan de derechos humanos y me suena a hipster, aquello que sabemos que está y no está. Total, si en su visibilidad es dominable, no es derecho. Eso no lo digo yo, lo dice quien mejor que yo sabe de que habla. Porque Dios me libre de hablar yo de derechos, ¿qué cosas, verdad? Gracias por vuestra ausencia derechos, por esa misma razón he conocido historias de secuestros. Violaciones. Asesinatos. Y cuatro décadas de exilio a la espalda de niños, mujeres y ancianos.

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Malditos todas y cada una de esas personas que han permitido caer en silencio a cuentas de generaciones que ya ni sé, y lo que es peor morir a la espera de ser libres. Es digno de ¿humanos? Me pregunto, derechos. Sueños truncados, callejones sin salida, tantas y tantas historias. Es el capricho de la humanidad y ¡que humanidad, Dios! Sálvese quien pueda.

“Marruecos tortura,  ¿a caso no es cierto?,  son daños sin cura, exilio en el desierto, ¿Derechos Humanos?, un tema pendiente,  sufren mis hermanos, que muera el delincuente” decía kami Rapstyle, desesperadamente, gritando al mundo a los de arriba y a los de abajo, a esos que saben de que va la película y a los que como yo nos resulta curiosa la palabra DDHH. Es una llamada a la igualdad. Un mensaje a la justicia. Y sobre todo un toque de atención a la humanidad. Despertad, o desaparecen los que quedan, sí los humanos. Porque ya puestos…

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Aunque ahora creáis que lo sabéis todo, en un tiempo os daréis cuenta de que no. Que hay momentos en la vida en los que, de una forma u otra, estamos ciegos. Creemos tener razón en todo momento, creemos saberlo todo, conocer hasta el último detalle, y sentir que no vamos a conseguir nuestro objetivo nunca, pero siempre hay un momento en el que sí. Y acabará llegando, creedme.

Despertad. Que no valen excusas. Que el tiempo se va y no vuelve y me niego a creer que nos vence quien ni en sus mejores sueños ha soñado con ser lo que somos nosotros hoy. Nuestra dignidad tiene precio, y lo hemos pagado caro, y esa es la razón por la que tenemos que continuar, porque rendirnos no es más que un insulto a nuestra verdad. Por eso mismo, plantad cara, seguid, no desistáis que los derechos existen y les tenemos, pero que la humanidad no caiga en quien tiene la avaricia en sus venas. “Privar a las personas de sus derechos humanos es poner en tela de juicio su propia humanidad.” Nelson Mandela.

Benda Lehbib Lebsir.

Imágenes: Carlos Cristobal.

 Canción: Kamal Salek (Kami Rapstyle)

La gastronomía Saharaui.

Nadie puede ser sensato con el estómago vacío.

George Eliot.

Echo de menos la gastronomía saharaui. Y te diré porque. Alguno dirá, pero qué dice esta loca, qué tendrá de especial eso. Pues mucho. Tiene sabores, olores y formas de presentación que a día de hoy no he encontrado en ningún sitio.

El cus cus, acompañado con carne de camello y verduras en una fuente cristalina con cinco o más personas alrededor con sus conversaciones que nunca se les ve el fin, hacen que la sobremesa sea un momento de agrado para los miembros de una familia.

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Cus cus.

También, tenemos ese plato estrella del que todos y cada uno de los que lo prueban se acaba enganchando, el pincho moruno, esos trocitos de carne de camello o de cabra que no te da tiempo a decir dos palabras cuando ya te has comido los ocho trocitos, y queda el último, ese cachito que miras con recelo porque le quieres acompañar con un trozo de pan pero te da pena acabarlo mientras tanto lo saboreas como quien mira fijamente el reparto de una deliciosa tarta de chocolate.

Y no te cuento nada de mrefisa, el guiño que hacen los saharauis a su origen nómada, hecha con mimo y sus ingredientes son básicos pan de arena, carne y verdura, y el resultado ni te cuento, y entonces cuando te quieres dar cuenta te estás chupando los dedos.

Y es que la gastronomía saharaui nos invita a no dejar nada de sobras y tampoco a utilizar los utensilios, lávate las manos en “lmgsel” y cruza tu piernas en el suelo, porque nada de utilizar sillas ni mesas, y adelante sigamos un poco el viaje.

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Pan de arena.

Te cuento, no puedes regresar del Sáhara sin haber probado Sammit, lo hacen con un poco de sémola aceite y agua y es de lo más saludable que puedes comer, tanto es así que a raíz de Sammit inventaron Lbalagman, otra exquisitez de la comida saharaui, en este caso se le puede añadir un poco de leche, y ya si que amigo, acomódate y no hables que te quedas sin comer.

Puede, y estoy segura,  que no sea la comida a la que estés acostumbrado, lo sé, pero ya que vas, experimenta, y ya que estás hazlo con gusto. Por cierto, no vengas sin probar lehrira y acompáñala con un par de dátiles y entonces entenderás porque en el mes de Ramadán no pasan hambre.

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Carne

Oye, además, de que comer todo eso, bebe, prueba la leche de camello y si te quedas con sed ve a por una “jira” de leche de cabra, no importa si la hechas azúcar o no, está igual de sabrosa aunque a decir verdad no percibirás si es entera o desnatada o si es Pascual o Lauki, porque está riquísima.

Y por último, y sin duda el mejor ingrediente, las personas que te rodean en ese momento. Un día cualquiera, a una hora cualquiera, para hablar durante horas y horas de lo que sea. Sin reloj, sin prisas. Y ya puestos a pedir, te pido que lo disfrutes. Creo sinceramente, que deberíamos implantar esto en cada lugar, el disfrutar de la compañía que tenemos, porque sin duda el lugar no es más que las personas que habitan en el. Y eso, es mucho más importante de lo que realmente creemos. ¿verdad?. Es lo más.

Benda Lehbib Lebsir.