Respuestas ENERO.

Deja entrar en tu alma una brisa

que avente las dudas y alivie tu mal

que la pena se muera de risa

cuando un sueño se muere es porque se ha hecho real

y verás…

Hoy toca ser feliz (Mago de Oz)

Tenía muchas ganas de hacer un post de respuestas, sobre todo porque eso significa que he podido leer con calma todas vuestras inquietudes y así desde MI EXPERIENCIA responderos a algunas de vuestras preguntas. Muchas gracias por seguir ahí, leyéndome y dejándome vuestras reflexiones. Que no lo diga no significa que no lo piense casi todos los días. Una de las mejores cosas que me pasa es cuando alguien me escribe diciéndome que sigue el blog. Os reconozco que me hace mucha ilusión porque sigo considerando este mi pequeño diario, y sin vosotros no podría existir.

  • ¿Cuánto tiempo suele pasar para que nos pueda entender y comunicarse con nosotros?

No hay un tiempo definido como tal para que los niños y niñas que vienen en el proyecto Vacaciones en Paz empiecen a hablar castellano perfectamente, porque eso no depende de los niños, sino también de la interacción de vosotros como familia para que esa “barrera” del lenguaje no sea un obstáculo para el niño o niña.

También, es cierto que hay niños y niños, como todo en esta vida, que aprenden muy rápido y otros que les cuesta un poco más. Pero, poco a poco. No hay que agobiarse con eso, porque siempre está el idioma de signos que todos hemos utilizado cuando hemos ido algún sitio donde desconozcamos el idioma y hemos llevado a cabo una conversación perfectamente.

  • ¿Es verdad que son niños que les da miedo dormir solos?

De manera general, no lo sé. Pero en mi caso particular sí. Ten en cuenta que en los campamentos duermen todos los hermanos juntos en la misma Jaima o habitación. Por lo tanto no es de extrañar que los primeros días le cueste bastante por estas razones:

    • No está acostumbrado/a a dormir solo/a con lo cual es bastante difícil que se hagan con esa costumbre de un día para otro.
    • La cama, es otro problema. Son niños que duermen sobre el suelo, entonces ese cambio también normalmente les cuesta mucho.

Pero ojo, eso no quiere decir que tengáis (familia de acogida) que dormir con él/ella ni viceversa. Simplemente se establecen estrategias, como puede ser que los primeros minutos nos quedemos hablando con él/ella hasta que concilie el sueño, o también irnos todos a dormir a la misma hora, y con ello asociará que nadie se queda y que es una rutina que todos llevamos a cabo.

  • Estamos interesados en el proyecto Madrasa, para traer a nuestra niña a estudiar el año que viene, pero desconocemos por completo el proceso que hay que llevar. Nos puedes explicar un poco ¿con quién tenemos que hablar, qué papeles hay que tramitar, etc?

El proyecto Madrasa como he dicho en infinitas ocasiones consiste en traer a jóvenes saharauis entre (13-18 años) a estudiar a España con su familia de acogida. Con una condición, y es que el/la estudiante tiene que regresar los de meses de verano con su familia biológica.

En cuanto a los trámites, sobre ese tema he escrito un post que le adjunto en el siguiente enlace, en el cual queda reflejado perfectamente el cómo hay que iniciar el proceso de “incorporación” al proyecto.

https://1saharaui.wordpress.com/2016/04/21/hablemos-del-proyecto-madrasa/

  • ¿Por qué les tienen miedo a los perros?

Les tienen miedo como reacción normal, hasta que no les conozcan y vean que puede cogerle cariño. Los perros en los campamentos son animales salvajes. No es un animal doméstico como lo son para nosotros los gatos, los camellos, las cabras, etc.

Al ser perros salvajes evidentemente los niños y niñas reaccionan de esa manera, porque es la imagen que tienen de esos animales. No obstante, no hay que alarmarse. Si tenéis un perro en casa, lo suyo es que poco a poco le vayáis haciendo ver al niño o niña que ese perro es parte de la familia y cuáles son sus rutinas y los niños se acaban adaptando perfectamente.

  • Es la primera vez que acojo un niño saharaui y ya me han advertido conocidos que tenga cuidado con el teléfono y la tablet ¿Les usan mucho?

El uso que hacen de los medios es educable evidentemente. Porque a ¿quién no le gusta usar el móvil o la tablet? Pero sí que es cierto que hay que educarles y dar el ejemplo. Si queremos que no lo utilicen debemos establecer normas como todo que ellos ya se acostumbraran.

  • ¿Es cierto que hay que mandarles con mucho dinero cuando se van en septiembre?

No sé a qué llamas mucho dinero. Eso depende de las posibilidades económicas de cada familia. No obstante, yo creo que debemos evitar compararnos con las otras familias si un niño tiene o lleva o deja de llevar.

El vacaciones en paz no es una competencia de “poder” entre las familias de quien manda o quién da más. Es una experiencia única que no tomarse como un objeto de caridad, sino como una forma de solidaridad bien entendida.

  • ¿Es bueno que llamen mucho a los campamentos?

Ni es bueno ni es malo. Todo en su justa medida. Evidentemente tienen que llamar pero hay que establecer normas de cuando tienen que llamar y cuanto tiempo.

Es aconsejable, por ejemplo una vez por semana. Yo soy muy partidaria de que no más de 10 minutos en el que la madre del niño o niña sepa un poco de su situación y de las novedades que hayan podido surgir (tema médicos, comportamiento, etc9

  • ¿Qué comidas crees que les suelen gustar a los niños?

Depende de niños pero hay que tener en cuenta que no comen cerdo por temas religiosos. Pero comer, comen de todo, les gustan las legumbres, ensalada, pasta. Pero si tengo que destacar algo destacaría helado, les encanta, y también patatas fritas (bolsa) y chuches, como a los niños en general, pero evidentemente hay que regular la dieta y sobre todo enseñarles a que coman de todo.

Lo que sí recomiendo es no hacer comidas a su antojo, es decir, no si hay verdura y no les gusta no debemos hacer otro plato, los niños y niñas saharauis les tenemos que enseñar a que comen de todo porque hay que educarles en eso. No olvides que tu casa no es un restaurante y el menú no está a la carta. Las mismas reglas que tienes con tus hijos deben ser las mismas que lleves a cabo con el niño o niña que acoges.

Benda Lehbib Lebsir.

Anuncios

Y ¿por qué el vacaciones en paz?

Recientemente en mi casa vive un tipo que me manda

Que me corrige y me ordena y me torea, pero me da un abrazo y me gana

Me quita el partido y me pone unos cartones.

De una esponja que vive bajo el agua

Se sienta en mi sillón, dibuja en el colchón

Efectivamente vivo con la divina adivinanza,

Disfruto de cada segundo suyo,

Me reta porque sabe que va a ganarme.

Capitán Tapón (Alejandro Sanz)

Mucho creo que sabemos del vacaciones en paz, y a veces tengo la sensación de que no llegamos a saber realmente porqué damos ese paso de acoger. Y a mí, sinceramente me encantaría saber el porqué.

Vivimos en un mundo de contradicciones. A veces pensamos demasiado y otras tantas actuamos sin pensar. Pongámonos en situación, y es que, un día, sin saber exactamente el qué o el quién lo causó, algo te hace “click” en la cabeza. Y despiertas. De repente, comienzas a ver en ti que quieres ayudar a los demás. Que te quieres poner a prueba tu mismo/a para saber cuánto das sin recibir y cuanto aprendes consciente e inconscientemente.

Y es que no. No todo es eso. Empiezas a comprender que es hora de pensar un poquito más en los demás, y un poquito menos en ti. Empiezas a ver también, en los escaparates en vez de ropa “eso que necesita el niño o la niña.” Empiezas a coordinar tu tiempo en función de una persona más que tendrás en tu zona de confort. Y sobre todo, empiezas a sentir las injusticias, te comprometes cada vez más, y es una promesa de esas de las que haces cómplices a tus amigos y conocidos y haces de esa “lucha” que era de los saharauis, algo tuyo. Algo personal. Pero tranquilo/a no estás loco/a, es una actitud normal. Entendible.

16237024_1327744830623671_907362948_n

Entonces, es justo en ese instante, en el que miles de millones de posibilidades se cruzan y entrelazan unas cosas con otras por tu mente. Y de repente, te sientes seguro/a y con fuerzas. Y das el paso. Acoges. Porque te convencen de que los 50 grados del verano son malos para los niños. Porque tú le puedes dar la posibilidad de disfrutar de un chequeo médico. Y porque tú, si tú, le vas a dar el placer de conocer otra cultura. Otras costumbres. Y verle disfrutar de un mundo totalmente distinto al suyo. Y eso sí, que mola. Y mogollón además.

Encuentras en ese pequeño cuerpo oscuro algo más que un niño/a, un sueño por el que luchar. Y un buen compañero/a por el que arriesgar. Encuentras lágrimas cargadas de razón pero sobre todo de felicidad cuando menos te lo esperas. Encuentras abrazos sin pedirlos, pero sabiendo que los buscabas, y encuentras también, miles de sonrisas de inocencia y miradas que lo escanean todo como si nunca antes lo hubiera visto. Y eso sí que es digno de apreciar.

16216059_1327744770623677_1412470656_n

Poco a poco te irás dando cuenta de que tu gesto le suma energía positiva a tu vida y cuidas más a aquellos que te aportan valor. Empezarás a valorar lo que tienes. Apreciarás que no es tanto lo que uno tiene o deja de tener sino lo poco que tiene y lo mucho que lo disfruta. Empezarás a creer que “el divide y vencerás” encaja perfectamente en tu filosofía de vida. Porque lo tuyo ya no es tuyo, sino de una personita pequeña que a ti, te hace grande.

Y te darás cuenta de que sí. Que es posible ser mucho más feliz de lo que imaginaste alguna vez. Y eso no consiste en lo material, va mucho más allá. Eres tú, y es el vacaciones en paz y es ante todo alguien que está dispuesto a quererte mucho, y a quererte bien. Y ¡que suerte,  la vuestra!

Benda Lehbib Lebsir.

Fotografías: Sergio López.

 

 

La sencillez de los Campamentos de Refugiados Saharauis.

A veces me elevo, doy mil volteretas
A veces me encierro tras puertas abiertas
A veces te cuento porque este silencio
Y es que a veces soy tuyo y a veces del viento
A veces de un hilo y a veces de un ciento
Y hay veces, mi vida, te juro que pienso
¿Por qué es tan difícil sentir como siento?
Sentir, como siento, que sea difícil.

Cuando nadie me ve (Alejandro Sanz)

La verdad es que no sé muy bien por dónde empezar. Son tantas cosas, tantas sensaciones, que se me lían las palabras. Tienes un no sé qué, y un qué sé yo que me encanta. Pero a la vez me desconcierta. Es una mezcla de nostalgia, pero sobre todo de belleza.

Quizá sea por tu buen tiempo, y he de decir que soy consciente de que sólo tienes dos estaciones: un largo verano que se traduce en muchos meses de muchos grados de temperatura, y un invierno un poco loco. Tan pronto llueve en un año como que no llueve nunca. Pero por tu sol, por la capacidad que tienes de poner nuestra piel morena, y eso que la tapamos en la mayoría de las ocasiones, (y no será mi caso por la poca costumbre que tengo, pero lo intento, te lo aseguro).

O quizá, por las ganas que nos das de tomarnos un buen té con unas vistas impresionantes, un manado de estrellas que acompaña una buena fuente de arroz con leche en verano, y de legumbres en invierno. Que en muchas ocasiones consigue hacernos olvidar todo, o al menos la intención es lo que cuenta.

15590460_1250016225084521_747413501394616507_n

Quizá sea por eso, pero puede que sobre todo por la suerte de poder disfrutar un 31 de diciembre de 30 grados si queremos. ¡Eso sí que es suerte!. O eso dicen quienes como yo hacen malabares contra la niebla, los tantos grados bajo cero, la lluvia fría, y un sinfín de cambios a los que no acabamos de adaptarnos.

Porque allí, reúnes a quienes son por excelencia capaces de resistir cuatro décadas. Allí también tienes a quienes quitan las inseguridades a quien sea con la típica frase “maktub”. Expertos y cómo no en la hospitalidad. Incondicionales consigo mismos, pero sobre todo con los que tienen alrededor. ¡Qué gusto y qué a gusto se está con ellos/as!. Dicen quienes les conocen, o les visitan por una o cientos de veces, como me decía una conocida tras su viaje a los campamentos: “aquello o te enamora, o no vuelves en la vida.”

15578122_10212229911609186_6059845623982426915_o

Y es que siempre me pregunto qué sería de mí si no fuera de allí, si no hubiera estado en algún momento allí, o no hubiera conocido a la gente que como yo somos de la generación nacida en el exilio y doblemente refugiada. ¿Tú eres capaz de imaginarlo?, porque yo no, y qué diferente sería todo a decir verdad. ¿Qué vistas tendría tomarse un té en los Territorios Liberados?. ¿Y por dónde pasearía si no es por el paseo marítimo del Aaiún? ¡Qué agobio!.

Así que, ya sólo me queda invitarte a ti a que lo conozcas. Que lo visites. Porque gracias a eso podrás corroborar todo lo que te he estado diciendo. Puede que conocer los Campamentos te cautive como persona, pero conocer y convivir con su gente puede que te enamore para siempre. Porque yo sé que al igual que todos los saharauis, si yo fuese de otra parte, ser saharaui sería mí sueño.

Benda Lehbib Lebsir.

Fotografías: Isalmu Lbar y Mariló Anpe.

La revolución del teléfono en los Campamentos.

El verdadero progreso es el que pone la tecnología al alcance de todos.

Henry Ford.

Nunca me había sentido tan bien. Era como estar en una nube literalmente. Eso que siempre soñaste y que nunca supiste como era en la realidad, y con el paso del tiempo vas viendo que acaba llegando de una manera u otra.

De esas veces que piensas que va a ser algo normal. O no quién sabe. Pero acaba siendo algo fascinante. Empiezo por lo más básico; las veces que uno/a ha sacado la placa solar en los Campamentos para cargar aquellas baterías que entendías como algo mágico, porque al paso de unas horas y por arte de magia iban a dar luz y a iluminar la Jaima, el baño, la cocina y las habitaciones, etc.

A lo que le siguió el hecho de que había un solo teléfono para toda la wilaya. Lo que se traducía en una infinidad de horas haciendo colas para esperar una llamada y como no poder llamar (siempre salvando los recursos), os hacéis la idea ¿Difícil verdad? aquellos/as que habéis conocido esta situación, sabéis perfectamente de que hablo.

16111407_10210273160159573_486921783_n

Me explico. Cuando empecé a venir a España por primera vez allá por el 2001, en los Campamentos no había ni luz eléctrica ni mucho menos teléfonos. En mi estancia los dos meses en Palencia, los pasé sin apenas comunicarme con mi familia. Las circunstancias eran diferentes, ni mejores ni peores que ahora, simplemente eran otras circunstancias.

Con el paso del tiempo fue cambiando la situación y en algunos sitios muy concretos, haciendo malabares con las alturas sobre todo con algunas montañas y en algún rincón de la jaima haciendo uso de los móviles con la famosa antena, podían así comunicarse. Y creáis que no pero se notaba el avance y bastante además.

Ahora es distinto. Y todos somos conscientes tanto de las ventajas como de los inconvenientes de la revolución o el boom de las nuevas tecnologías en los Campamentos. Hecho que se percibe claramente en la frecuencia y la facilidad con la que nos comunicamos con nuestras familias a pesar de la distancia ¿Quién no ha recibido una foto de su niño/a saharaui y ha pensando ¡que alegría! desde el Sahara me llega su foto por whatsaap? ¿A quién no le han llamado ya su familia saharaui o incluso poder verles a través de alguna aplicación, y pensar que está allí con ellos?

Campamento Dajla.jpg

También es cierto que dentro de esa “revolución” en los Campamentos se ha perdido un poco la esencia de poder sentarse a hablar sin tener que mirar a la “maldita” pantalla. Sin tener que estar buscando donde cargar el teléfono o pidiendo la contraseña del wifi. Y lo cierto es que incluso esas “pequeñas” modificaciones son anecdoticas porque no deja ser un Campamento de Refugiados donde al igual que cualquier sitio sobrevivir a la tecnología es un reto.

No sé vosotros, pero pienso honestamente que el avance ha sido bueno salvando las distancias evidentemente. Y el momento no podía ser mejor. Porque ahora gracias a eso nueve meses lejos de la familia no es tanto como parece. Y un día malo no es tan malo si acaba con un audio de mi madre o de mi padre, o con una vídeollamadascon mis hermanos. Y porqué no. Un día es un día. Y hay que aprovechar. Ahora sí que estoy por las nubes. Porque gracias a esos avances tecnológicos, hoy he podido hablar con mi madre, y lo mejor aún, la he visto. Y eso sí que no tiene precio.

” La tecnología, como el arte, 

es un ejercicio altísimo de la imaginación humana.”

Daniel Bell.

Benda Lehbib Lebsir.

Fotografías: Carmen Piñeiro y Víctor Jiménez.

A ti, voluntario, cooperante gracias

Mucha gente pequeña,

en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas,

puede cambiar el mundo.

Eduardo Galeano.

Ese día que vas mirando hacia abajo, que crees que el mundo se va a pique. O que todo está del revés. Ese día, de repente, todo cambia. Te da por alzar la mirada y de pronto descubres que no todo va tan mal como creías. Que hay pequeños detalles de los que no te habías dado cuenta. Y que, por suerte, hacen la vida de otros, un poco mejor.

Verás, a ver si me explico. Te hablo a ti voluntario. Cooperante, a ti que de manera desinteresada te llaman las injusticias. Tú que tu zona de confort te queda pequeña y quieres ir más allá. Si, tú, el que dejas a los tuyos, tus cosas, tu cama, tu nevera, tu grifo y por supuesto tus armarios, y te cuelgas la mochila de la supervivencia. Sin importarte nada, siendo o no consciente de que aquella aventura te puede cambiar la vida para siempre.

15935178_1310960015635486_796342609_o.jpg

Te hablo de ese momento en el que alguien te nombra el “Sáhara” y empieza a crecer tu curiosidad. Investigas, preguntas, te empapas de información pero todo eso siempre será menos de lo que es en realidad. Y cuando te quieres dar cuenta estas facturando en barajas, buscando entre todos los mostradores donde hay gente que en vez de llevar maletas llevan cajas enormes, mochilas gigantes y sonrisas que solo contagian aquello de “ya empezamos a facturar que nervioso/a estoy.”

Nada que ver con el momento que aterrizas en Tindouf. Aquel “paseo” que te pegas para estirar las piernas de un largo viaje desde el avión hasta que te sientas a rellenar la tarjeta esa que te dan como si te diesen un premio y es cuando te empiezas a familiarizar con su ritmo de vida, lentitud, y sobre todo su “no hay prisa”,  de pronto te has hecho amigos, que raro ¿verdad?.

15391321_10211621281869227_6881494905828021541_o.jpg

La batalla de las maletas en Tindouf, es un deporte de riesgo, eso te lo digo yo. Pero de pronto, estas en los campamentos. Despiertas la primera mañana y empiezas a ver aquello que no era como imaginabas ni mucho menos. Crece en ti la impotencia y te das cuenta de que  “Son cientos de miles de personas desplazadas de sus hogares manu militari, y condenadas a la miseria material sin que ningún organismo oficial o ningún país del eso que llaman “el mundo civilizado”- incluido España- mueva un solo músculo para remediar la situación”, me decía un conocido tras su paso por primera vez por los campamentos.

Creo honestamente que es una experiencia que todos debemos probar alguna vez, entrar en un hospital como un médico que quiere pasar consulta y darse cuenta de que no hay ni un ibuprofeno, que el betadine con el que todos nos tropezamos en algún momento, allí es una sonrisa la que cierra cualquier herida. “Y la impotencia de un medico al poder emitir un diagnóstico sencillo, de una patología corriente, y no disponer de medios para tratarlo.” Aquello es un mundo.

1

He visto maestros voluntarios ir a colegios para aportar su también granito de arena y encontrarse con cuatro paredes, mesas, ventanas a medio caer y pizarras sin tizas. Y lo curioso de todo, es que se daban clases. Y ¡que clases!.

Y sí, cosas pequeñas. En lugares pequeños. Gestos que alegran. Te das cuenta que el niño de al lado tiene una risa que contagia a toda la jaima. Y que hay alguien que corre porque llega tarde al colegio. Y llega. Y entra. Y sonríe. También. Te das cuenta que tienes un caramelo más en el bolso y que ese niño que sonreía antes, le hace más ilusión que a ti. Y se la das. Y él sonríe. Te das cuenta que hay dos amigas que llevan tiempo sin verse, y que se reencuentran de nuevo. Que se dan ese abrazo y es motivo de reunión para todos los ahí presentes alrededor del té. Y les sonreís.

15578282_10211690068388847_876471365083137676_o

Te das cuenta, que tus pies se están moviendo al mismo ritmo de aquel toyota en pleno desierto. Y que, por suerte, es por el gesto que tú haces. Y sonríes. Te das cuenta también, que da igual el mes que sea, porque el sol siempre está reluciendo. Y que huele a desierto, a tranquilidad, a paz. Que no hay nada mejor que mirar al frente y darte cuenta de que tú, cooperante, voluntario, haces y puedes hacer ese gesto. Y te llenas de energía. Y es que, además, es la misma energía que sentirás cuando te das cuenta lo agradecidos, hospitalarios, y generosos que son.  Y que no se me olvide recordarte que te harán sentirte como en casa. Y sonríes. Y vuelves a sonreír.

A ti voluntario, cooperante, desde aquí gracias, gracias por hacer en aquel lugar de gente pequeña, con tu gesto pequeño que se sientan grandes. Por que ir allí, te hará darte cuenta que, los pequeños detalles, son los que realmente roban sonrisas.

Benda Lehbib Lebsir.

Fotografías: Mansur Buseif.

 

Yo apuesto por el Vacaciones en Paz.

Algunas veces hay que decidirse entre una cosa a la que se está acostumbrado y otra que nos gustaría conocer.

Paulo Coelho.

Has dado este paso y ya es bastante. Te llena de ilusión, emoción e inseguridad a la vez, pero tranquilo/a no es para tanto. O sí, quién sabe.

Cuantas veces has hablado en casa de que quieres acoger a un niño saharaui. Cuántas veces has pensando cómo les puedes ayudar más allá de aportar con una cuota anual, recoger alimentos, ropa, etc. Esa infinidad de actividades a las que te sumas queriendo encontrar algo, una sola respuesta a tantas preguntas. Y llegó y de que maneras.

Acojo a un niño saharaui este verano en casa, habrás dicho tantas veces, como las que tu madre comenta si haces bien o estás loco/a, “es una responsabilidad enorme, ¿sabes lo que es eso no?” Sí. Y sólo son dos meses que pasarán volando ya verás, contestarás a tu favor para dejar por zanjada una decisión que llevas meditando más de lo que te crees.

15578628_10211556562735208_3790153656941625445_n

Pues sí. Has hecho bien. Créeme. Acoger va mucho más allá de los dos meses de verano, de sacar a ese/a niño/a de las condiciones que sufre todo el pueblo saharaui durante todo el año pero en concreto en verano. De enseñarle un idioma, unas costumbres y en definitiva un mundo totalmente opuesto al suyo.

Pero te diré que no todo es tan sencillo como parece, y en eso tiene razón tu madre. Acoger supone que recae sobre ti toda esa responsabilidad de educar y enseñar lo que para ti es algo “normal y cotidiano” para él/ella es un reto. Además, por si eso fuera poco,  te convertirás en un improvisado padre o madre de ese niño durante no sólo dos meses sino durante años, porque para ese niño su familia acogedora tiene un valor mucho más especial.

Acoger, también es estrechar un lazo afectivo y sobre todo de compromiso con su pueblo, su familia pero ante todo con su causa. Te darás cuenta que aunque acoges un niño de siete, ocho, o los años que tenga, parece ser adulto, por todo lo que te acaba inculcando. Te sorprenderá que aparte de enseñarle tú, aprenderás y mucho lo que te acaba aportando, y es más de lo que te crees, créeme. Es como eso de “enseña aprendiendo, aprende enseñando”, pues tal cual.

Acoger también es poner normas, nada del otro mundo, las mismas que tenías hasta ahora, y él/ella las entenderá te lo aseguro. Y sobre todo, y para mí más importante saber decir NO.

15591562_1245112832193871_2976518623797137301_o

No cedas por el remordimiento de que no es hijo/a propio. No cedas más de la cuenta por creer que así le haces feliz. No cedas por creer que así te sentirás mejor contigo mismo/a, porque le estas dando de lo que no tiene, porque por lo contrario flaco favor le estás haciendo, y créeme que no es más feliz el que más tiene sino el que disfruta de lo que tiene.

Acoge, pero antes entrevístate con la Asociación de Apoyo Saharaui de tu zona, no te quedes con ninguna duda y sobre todo disfruta, disfruta de todo porque el tiempo pasa más rápido de lo que te crees, e incluso de las pequeñas cosas como verle descalzo/a por casa, se le acaba echando de menos.

Benda Lehbib Lebsir.

Imágenes: Camino Macho del Collado y Antonio Martínez Muriel.