A mi familia Saharaui.

 Y dejaremos que se escapen más momentos,
siempre buscando que haya más luz después de luz.
Y dejaremos que nos ganen tantos miedos
y la verdad es que me despierto y no estás tú.

las ganas (Dani Martín)

Tenemos la mala costumbre de asociar tiempo con olvido, y os puedo asegurar que no es así. O al menos no es mi caso. A mi familia saharaui, gracias por inculcarme aquello de “guárdate para ti el donde eres” y quizás por eso, sigo creyendo que quien se va, siempre debe volver. O de alguna manera, siempre atesorar aquello que es irremplazable, su familia. Porque existen razones para hacerlo. Y así lo creo.

Quiero que sepáis, que para ir lejos, mucho o poco tiempo, no significa deshacerse de las raíces de uno, ni mucho menos olvidarse de ellas. Y dejadme recordaros (aunque no leáis esto), que hay muchas. Infinitas maneras de brillar sin necesidad de ocultar la “tez” ni los rasgos que me hacen ser un poco diferente a los demás. Y me encanta serlo, es más, creo sinceramente, que esa diferencia me hace salir del montón.

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Os diré que, en muchas ocasiones, recuerdo perfectamente los consejos que me habéis dado, y les intento seguir en la medida de lo posible. Que no hay día que pase que no tenga la necesidad de hablar en hasania, aunque sea sola. Y si no preguntad a quienes me rodean. Ellos lo saben de sobra.

Ahora, entiendo perfectamente esas inseguridades que teníais cuando decidisteis que me quedara a estudiar, era lógico. Las entiendo y creedme que evito dar la razón a aquellos que hablan de “los niños perdidos”, los que ya no vuelven y que tanto miedo os dan a la mayoría de las madres saharauis. Porque, hay que ser valientes para vivir con esa angustia día sí y día también. ¡Os admiro!

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Os diré también, que no es tanto como parece. Aunque, para nada es fácil convivir siempre con la cosa de hacer lo “políticamente correcto”, lo que aquí sería “normal” pero que allí se vería como algo “fuera de sí”, es la cosa de ponerse dos capas. Nada del otro mundo vaya. Es como vivir un poco delante de un espejo, que refleja dos culturas totalmente diferentes, y os aseguro que siempre intento sacar más cualidades positivas que otra cosa. Y si en algún momento lo dudo, vuelvo a mirar.

Por último, quiero que estéis tranquilos. Nadie se “pierde” porque sí, y como decís allí “quien tiene lengua, siempre sabrá llegar.” Estaré el tiempo que sea necesario. Pero os prometo que el día que las cosas se tuercen. El día que yo misma no sea capaz de seguir mis objetivos. El día que me vea sin ilusión pero sobre todo el día que me mire en el espejo y no me reconozca, ese día volveré. Volveré para quedarme. Pero sobre todo, lo que nunca quiero que olvidéis, es que por muy lejos que esté, por mucho tiempo que pasé no hay día que no me acuerdo de dónde vengo, pero sobre todo a dónde voy. Y eso sí que lo llevo a rajatabla.

Benda Lehbib Lebsir.

Imágenes: Ángel Gómez Mediavilla.

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Un pensamiento en “A mi familia Saharaui.

  1. Brillante forma de explicar de que si de verdad te gusta una rosa del jardín al que perteneces,no la cortes,perderá sus raíces, rriegala cada día con valores y principios,conseguirás que brille para todos;esa rosa eres tu Ben da, y el Jardín son tus dos Familias.Un fuerte abrazo.

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