Volviendo a la rutina.

Ya dependo de no depender de na´, 
si supieses lo bonito que es a veces
acertar,
cuando aprendes que el paisaje
también tiene nubes grises
es el momento perfecto para empezar
a volar.

Esencial, Beret

Volver al lugar donde fuiste feliz. De donde nunca querrás irte. Donde nunca te dejarán marchar. Volver. Volver después de, meses o años, da igual cuando sea, pero siempre, volver.

Volver donde jamás nada volverá a ser lo mismo o puede que nada cambió demasiado. Volver y seguir siendo la misma, y que los demás sigan siendo los mismos. Como si nada hubiera pasado. Como si el tiempo se hubiera detenido con la única diferencia de que en eso no tienes razón, y por desgracia ha pasado y mucho. Aún así, vuelves.

Volver a tus raíces. Volver a tu pasado, si se puede llamar de ésta manera a un pequeño puñado de años acumulados sobre tu espalda.
Volver para recordar, para traer al presente el sabor del pasado. Momentos que no volverán para ti, pero que en otros se están produciendo justo de la misma forma. Porque, al final, nada cambia, todo vuelve, todo es, todo será. Y al fin y al cabo todo será cuando tenga que ser.
Volver siempre. Una y otra vez. Un año tras otro. No olvidar. Sí recordar. Pisar donde saltaste. Andar lo caminado. Y respirar aquello que siempre será tu mundo. Sólo tuyo. De nadie más. Así de simple, por eso vuelve, cuantas veces necesites, cuantas veces consideres. Pero sobre todo, vuelve.

Este verano, he vuelto a esos lugares tan mágicos, tan especiales y tan intensamente míos en los que soy capaz de abstraerme de prácticamente todo lo mundano y volar allá donde mi imaginación y mi mente deseen. Puedo hasta viajar en el tiempo…para que luego no lo quieran llamar magia, ¿En serio?

Por eso siempre vuelvo a ese desierto, a ese mar en calma, a ese rincón escondido que sólo algunos privilegiados conocemos, los que nos conocemos. Porque de pronto ves que, aunque pasen los años, los meses y los días, todo continúa sin apenas alterarse y que eres tú la que cambia, evoluciona, da vueltas, vive experiencias, se cae, se levanta, llora, ríe, espera y desespera…. Sólo tú, ¿te das cuenta de eso? Cambias mientras ese lugar permanece inerte, sin apenas moverse, esperando un nuevo regreso. Año tras año. Verano tras verano.

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Y, de repente, todo parece ir a otro ritmo, bajo de revoluciones, reduciendo la velocidad, de forma lenta, muy lenta. Y una vez más te ves allí, mientras aquel sol vuelve a aparecer como cada amanecer a la misma hora para ponerlos a prueba durante horas de esa forma tan extraña. Tan particular. Y como sobreviven de veras. Como todo…vuelve.

Miras a la gente a los ojos y son los mismas que los de ayer y, probablemente, serán los de mañana. Te saludan, y se van como si nada, como si un “hasta luego” se estirase tanto con la intención de volverte a ver, de que vuelvas, y así todos los días. Las mismas personas. La misma luz. La misma sensación de paz que respirabas hacía meses vuelves a sentirla hoy. Y así será siempre. Nada cambia, todo vuelve.

Porque, insisto, la única que cambias eres tú. Tus circunstancias. Tus vivencias… y tus experiencias. Y resulta que todo lo que necesitas es regresar a ese, a esos lugares que no cambian nunca para coger impulso, para respirar profundamente mientras cierras los ojos y te cargas de energía y buenos pensamientos, algo imprescindible para seguir adelante. Para evolucionar. Para convencer y convencerte de que todo, absolutamente todo pasará y eso que tanto ansías llegará cuando no lo esperes. Porque así ha sido siempre y no encuentras el motivo por el que ésta vez no vaya a funcionar del mismo modo.

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Y una vez más, estás volviendo a coger aire, impulso y pulso para afrontar los nuevos retos que te esperan en la siguiente hoja del calendario, los que sabes de antemano y los que la vida se encargará de ponerte en el camino.

Y vuelves de nuevo a reafirmarte en la idea de que ese es tu sitio favorito. Al que siempre sentirás la necesidad de volver cuando todo haya pasado, cuando no quede nada o cuando todo esté por hacer. Porque tú podrás moverte pero ese lugar siempre, siempre, te estará esperando. Por eso vuelve, te lo aconsejo yo, y te lo dirá el tiempo.

 

Benda Lehbib Lebsir.

 

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