Empieza tu viaje al Sáhara.

Los viajes se disfrutan tres veces: cuando los soñamos,

cuando los vivimos

y cuando los recordamos.

Diciembre, es el mes en el que todo empieza sin necesidad de que nada acabe, lo solemos recibir recordando el año, haciendo balances, y con muchas ganas de que llegue la Navidad, cuando lo cierto es que entre ambas fechas se suceden muchos días que, sencillamente, nos pueden cambiar la vida.

Y por eso, antes de llegar a este mes tan señalado, yo te digo, ve en diciembre, ve al Sahara… Ve al lugar que seguramente no conoces, o quizás incluso más que yo, por eso, ve. Estate el tiempo que quieras, necesites y por supuesto puedas, unos días, dos semanas, retoma esa vida a la que seguramente pondrás punto y seguido y que te está esperando para que completes una página que aún te puede cambiar para bien, créeme. Y es que, por si no te habías dado cuenta, te tengo un poco de envidia, un poco bastante.

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Yo te aseguro que, la primera impresión al visitar los Campamentos de Refugiados Saharauis será la de una profunda sorpresa. Pero sobre todo admiración. Porque cuesta creer que sus habitantes hayan podido sobrevivir allí cuatro décadas. En medio de un desierto estéril, donde unos pocos rebaños de cabras tienen que competir por los casi inexistentes residuos en las bolsas de basura y donde los camellos dibujan sus famélicas siluetas en el horizonte.

Pero como a todas las primeras apariencias, le faltan los matices que cargan de sentido la vida diaria de los saharauis, repartidos entre jaimas y casas de ladrillos de barro. Las mujeres y hombres saharauis han sido capaces de construir pilares básicos de un Estado en medio de la nada: colegios, hospitales, pozos, electricidad… Infraestructuras mínimas, precarias, pero que permiten habitar uno de los territorios más inhóspitos del mundo. No me digas que no es dingo de admirar.

 

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Yo, te aconsejo que te tomes tiempo – el que necesites- de apreciar todo, y cada una de las cosas que veas. Tómate tu tiempo para observar sin prisa, disfrutar de un atardecer diferente, de reír con ganas. Y por supuesto de llorar si lo necesitas. Prepárate, que lo suyo es sentarse a charlar contigo durante horas, y con otros que ni si quiera conocen. Tómate tu tiempo para mirarlos a los ojos, nunca antes un silencio significó tanto como las arrugas que dibujan los ancianos saharauis en sus rostros. Disfruta y mucho del camino que recorres en sus peculiares todoterreno, saca el brazo de la ventanilla, y que mantén contacto esa brisa especial del desierto, mientras intentas colocarte el turbante.

Descálzate cada vez que entres en una jama, y siéntate con las piernas cruzadas cada vez que estén tomando un té. Ni se te ocurra, olvidarte de pisar la arena descalz@, aquella arena atrapa. Quizás sea ese momento de desconexión cuando realmente te des cuenta que el lugar, no es más que la gente que lo habita.

Tómate tu tiempo para gozar de un rato con la familia, con los amigos que por allí pasan a saludarte, sin distracciones y a poder ser -sin estrés-. De jugar con los niños, y de romper tus propios esquemas. Haz, (y sin tapujos) lo que aquí no haces nunca, experimenta, déjate llevar. Y sabes ¿qué? “Merece la pena quien te la quita” y por eso, tomémonos el tiempo de ser curados por estos mismos y de hacer lo posible por curar también a quienes podamos. Tomémonos el tiempo de hacer de ese lugar un lugar mejor.

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Y, por eso, ve, conócelos, y sírvelos de altavoz. Empápate hasta arriba de lo difícil que sobrevivir en medio de la nada. Valora y mucho cómo viven el día a día, que no es nada fácil, te lo aseguro. Porque antes de lo que te imaginas, estas de nuevo en tu rutina, rascándole horas al día para sobrellevar la resaca post-campamentos. Ya me contaras qué tal lo llevas, porque no es nada fácil, créeme.

Elige el idioma que quieres hablar, piensa en la canción que te apetece bailar, la voz que  te gustaría escuchar y el sueño que deseas alcanzar. Este viaje, me suena tan bien… ¿Y a ti, a qué te suena?

Benda Lehbib Lebsir

Fotografías: Kevin Grant

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