Enamorada.

Que bonita la vida
Cuando baila su baile
Que se vuelve maldito
Cuando cambia de planes
Ahora juega contigo
Otras tantas comparte
Que bonita la vida. 

Que bonita la vida. -Dani Martín-

De niños soñábamos con ser mayores, con crecer y comernos el mundo. Con ir a la universidad y tener el trabajo por el que cualquiera suspiraría, nos envidiaría, lo querría para sí. Soñábamos con viajar hasta los confines de la tierra y con ser el alma de cada fiesta a la que fuéramos. Todos hemos pensado eso alguna vez. ¡Y quien diga que no, que levante la mano!

En nuestros sueños  triunfábamos siempre, éramos diferentes, libres, felices y a nada temíamos. No existían los problemas, para todo teníamos solución. El tiempo se congelaba, nadie se iba de nuestro lado y a nadie echábamos de menos. Vamos, la típica escena de película americana que nos han colado a todos, que sabemos a la perfección el final aún sin haber empezado.

Parece que fue ayer.

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Y aunque nos decían y repetían que el tiempo, conforme te haces más mayor, más rápido se te pasa, no quisimos creerlo. O al menos en mi caso, hace poco me reía de los “frikis” del running, y hoy os puedo prometer que a diario necesito esa hora de gimnasio, me da la vida. (Me llegan a decir en el 2018, que confesaría esto, y os seguro que me reiría a carcajada limpia).

Y luego, llegamos a la universidad, o no. Tenemos nuestro primer trabajo. Incluso dos a la vez. Y detrás vendrán muchos otros, y puede que ninguno fuera el que habíamos soñado. Y tenemos miedos, muchos, y con ellos tantas cosas que se van quedando por el camino. Como vuelos que no cogimos, personas a las que no nos atrevimos y fiestas en las que no bailamos.

Olvidemos que la vida pasa sin olvidarnos de vivirla.

Y que todo pasa.

Y que el tiempo vuela.

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Con motivo del pasado 14 de febrero, y haciendo honor a “San Valentín”,  sentada en una cafetería oí una conversación que me llamó bastante la atención. Eran dos chicas, jóvenes, incluso creo que tendrán mi edad y no se crean que se nos ha pasado el arroz, solo rozamos la cuarta parte del siglo.

Bueno a lo que voy; las chicas hablaban de lo enamorada que está una de ellas,  con lo que la gustaría que la sorprendiesen ese día , y haciendo gestos, con sus manos, comentó: “un  ramo de flores, unos bombones y quien sabe alguna que otra sorpresa”. Puse más atención a la conversación, y rápidamente con cara de sorpresa  la otra amiga la preguntó: ¿pero tú, tan enamorada estás?.

E hice mía su conversación, para este post tan personal. Y sí, yo sí que estoy enamorada.

Estoy enamorada de la gente que quiere a diario y no espera que el calendario se lo recuerde.

Estoy enamorada, de la gente que sabe lo que quiere y va a por ello. De frente y sin titubeos. Sin arrollar a nadie, pero sin abandonar por opiniones de terceros. La que se sacrifica cuando es necesario y la que se viste de gala cuando toca celebrarlo. La que es transparente, sin estar a merced de los demás. La que reconoce sus faltas y de seguido se pone a superarlas. La gente que da sin esperar.

Estoy enamorada, de la gente que siente y no se avergüenza de ello. La que lo expresa y lo demuestra sin miedo. La que no oculta las lágrimas, sean de alegría, rabia o de pena. La que da abrazos que curan cualquier mal y de los que no te soltarías en la vida. La que te habla sin palabras y te conmueve con gestos. La que acaricia con miradas y te transmite sensaciones. L@s locos de la solidaridad bien entendida. La gente que siempre tiene una sonrisa en la cara, y un buen gesto hacia los demás.

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Estoy enamorada de, la gente que dice lo que piensa y que realmente piensa lo que dice. Que no es fácil. La que defiende sus ideas y sus emociones, porque son suyas y sinceras, sin juzgar a quien piensa diferente y sin compararse con quien no las comparte.

Estoy enamorada de, la gente que vive. La que no está pasando el rato. La que se compromete, arriesga, decide. La que se levanta una vez más, a pesar de haber perdido la cuenta de las veces que ha caído. La que no se rinde. La que siempre tiene algo por lo que seguir, cuando los demás ya se rindieron. La que no acepta un no como respuesta posible. La que deja huella.

Estoy enamorada de, la gente que perdona pero no olvida. La que recuerda sin rencores. La gente que aprende de la experiencia y pasa página. La que cree, pero no se conforma con lo que ve. La que crea sin destruir. La que camina, anda, corre y hasta vuela. La que comprende, y si no, lo intenta, pero no lo finge.

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Me enamora la gente que baila sin pensar. Y más aún, la que canta en voz alta, (justo lo que hago yo a todas horas, y se me da verdaderamente mal). La que no espera gustar, sino disfrutar. A la que no le importa si lo hace bien o mal, sino que se deja llevar por el momento, por la música, por la emoción. Estoy enamorada y mucho de la gente que te arrastra a bailar con ella, la que te da una vuelta y te hace olvidar ese sentimiento de pato mareado.

Estoy enamorada, y hasta las trancas de mi gente. De mi familia. De mis amigos y que narices, estoy enamoradísima de todo lo que  he hecho. Lo que hago. Y lo que haré.

Quered un 14. Un 15. Y si os dejan un 30 de febrero, también quered y mucho. Que odiar, es de flojos.

Benda Lehbib Lebsir.

Fotografías: Vega Halen.

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