Reflexiones.

Sé el cambio que quieres ver en el mundo

Ghandi

 

Yo soy. Tú eres. Nosotros somos.

Ser. Identidad. Imagen.

Qué difícil es presentarse. Salirse de lo fácil para ir más allá de tu nombre y apellidos, de tu lado más visible, de tu superficie, de tu escudo. De tu acento particular. Y tus rasgos tan sumamente definidos, que en ocasiones son tu propia presentación. Qué complicado, es arriesgarse a adentrarnos en terreno personal e íntimo. En esa zona de arenas movedizas, corrientes marinas y montañas rusas. De guerreros y guerras, de dragones y magia. Ese lado que mantienes intacto y oculto, incluso de ti mismo.

Qué difícil es presentarse, de verdad y no caer en tópicos o estándares. Hablar de sentimientos, emociones y de estados que no sean civiles. Mostrar lo bueno y lo no tan bueno. Las cicatrices, las medallas y los trofeos más preciados. Esos, que tantas horas, disgustos y lágrimas te han costado. Pero ahí están, y que orgullo, de veras.

Qué difícil es resumir. e ir a lo importante, no perderse dando una vuelta que no llegan a ningún lugar. No acabar en lo que queda bien, sino en lo que nos sienta bien. A ti, a mí, a nosotros.

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Salir de la zona de confort. Nuestra zona. No es fácil, pero tampoco es imposible.

Muy bonito de decir, leer y gritar a los cuatro vientos. Como si supiéramos a ciencia cierta el modo. Como si conociéramos el camino, el primer paso y hasta el paisaje. Como si el riesgo y el miedo fuera mínimos e incluso minúsculos. Como si el resultado fuera siempre positivo. Como si tan sólo con pensarlo, pudiéramos lograrlo. No es fácil, pero tampoco es imposible. Os lo digo de verdad. Y de aquí, creo que nació el refrán todo esfuerzo tiene su recompensa, y la tiene, de verdad.

En muchas ocasiones, por no decir muchísimas, los que estamos lejos intentamos acortar distancias. Algunas veces lo conseguimos, y otras nos consuelan las redes sociales, las llamadas, los audios y alguna que otra imagen que nos transporta directamente a los campamentos. Con nuestro entorno y con nosotros mismos.

Ahora bien, respira hondo y dime qué ves.

No vale hacer trampa.

Tómatelo con calma y no pienses en abrir los ojos. Aún no. No hay prisa. Relájate y cuenta hasta diez. O hasta veinte. O cuenta ovejitas. No mejor no, no vaya a ser que te distraigas. Como  haría yo, que me iría con ellas por lbadia y me perdería en la sabana del desierto. Céntrate y visualiza todo. No te pierdas detalle.

Abre los ojos.

Vuelve a la realidad. ¿Es muy distinta a lo que has visto? ¿Qué has notado? ¿Qué has sentido? ¿Era todo negro o de color? Felicítate si has visto algo, mucha gente no lo logra. Está más pendiente de lo que le dicen, de cerrar los ojos, de intentar concentrarse. Le echan la culpa al ruido, y si no lo hay, se lo inventan.

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Y ahora ciérralos de nuevo y mírate a ti mismo de aquí a cinco años… por ejemplo.

¿Qué ves ahora?

Una vez más, sin trampas. No lo hagas por mí, hazlo por ti. Por muy topicazo que suene. Si alguien se lo pierde eres tú. Y recuerda, tu visión es tuya, si quieres la compartes, si quieres te la guardas, pero a nadie más le importa.

Céntrate en lo que ves, no te despistes. Puede que te cueste un poco al principio, quizá lo veas muy lejano, como si no fuera contigo la cosa. Sin sonido, sin movimiento, ni sentimiento. Sin energía, sin chicha ni limoná. Quizá hasta te preguntes en qué estabas pensando cuando me hiciste caso en eso de cerrar los ojos…

O quizá sí ves algo, aunque no sabes muy bien el qué. Puede que lo veas un pelín borroso, en blanco y negro y hasta del revés. Quizá lo veas a través del negativo de una película fotográfica. Esos que hasta que no revelas no te queda claro si la instantánea es buena. O quizá no visualices bien las caras, los gestos, la manera de moverse o incluso el sonido. Quizá no reconozcas el idioma ni aunque te pongan los subtítulos.

Pero puede ser que muy poco a poco algo cambie. Se acerque. Se vuelve nítido hasta parecer real. Puede que dé un paso adelante y se sitúe en el centro del escenario, el lugar al que todos los focos apuntan. Que se deje ver, que se deje sentir, que se deje saborear.

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Quizá lo viste claro desde el minuto cero.

Quizá no es lo que esperabas. Porque seguro que “esperabas” ver algo. Tenemos esa bonita costumbre de esperar siempre algo. A veces es bueno, otras no tanto. Los hay que esperan siempre más y no tienen límite. Frustraciones y altas expectativas suelen andar ligadas de la mano ¿lo sabías?

Y dime, ¿te ha gustado lo que has visto? ¿Era lo que esperabas? ¿Era algo esperado, deseado, soñado? Quizá te ha dejado indiferente y frío como un trozo de mármol. Quizá simplemente estás leyendo para ver dónde lleva esto mientras te ríes, te burlas, de mi.

O quizá sí has visto algo. Y ese algo tiene un significado muy fuerte para ti.

Quizá te ha puesto la piel de gallina y te ha hecho poner el freno. Quizá te ha emocionado y hasta te ha hecho soltar alguna lagrimilla. Con un poco de suerte, a lo mejor he conseguido que veas algo que no habías visto ni imaginado hasta ahora. Que ni se te ocurría ni lo hubieras pensado en tus mejores sueños. Y si te hubieran preguntado al respecto, lo habrías negado en rotundo. ¿Yo? Sí hombre, por favor ¿estamos locos?

Esa fui yo.

Y ahora piensa. Lo de cerrar los ojos lo dejo a tu libre albedrío. Si me permites el consejo, te diré que ayuda. Y mucho.

Piensa. En dónde estás y dónde te has visto. En si realmente quieres estar allí. El subconsciente tiene sus propias formas de hablarnos. Pero hay que dejarle. Y escucharle.

Piensa en lo que te falta para llegar si es a dónde quieres llegar. El cómo, el cuándo, el dónde. Algo tendrá cuando te ha venido a la mente, no lo dudes.

Piensa si vas por el buen camino, si te has torcido a propósito o te has dejado perder. Si te has parado a coger moras o te has quedado en el bar del pueblo anterior. Hay  espejismos donde se vive muy bien. Cada uno elige.

Y ahorra, cierra los ojos y dime…

Por lejano y difícil que parezca. No desistas. Recuerda que el primer paso inicia cualquier viaje, por largo que sea.

 

Pd: Hay días, que me da por reflexionar, y plasmo lo que pienso, y hoy me ha dado por reflexionar un poquito sólo.

 

Benda Lehbib Lebsir.

Fotografías: Dahman Bani.

 

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