Hola, verano.

Soñé un verano que se hiciera eterno
Desde el momento en que vi tu mirada
Me derretiste con esa mirada
Pero el verano se volvió un invierno
Cuando vi que otros brazos te esperaban
Me congelé mientras yo te esperaba
Cuando nadie ve, -Morat-

Todo aquello que no planeas, suele ser lo que mejor sale. No sale bien, sale de miedo. La improvisación es un riesgo, pero la recompensa puede ser increíblemente infinita. El tiempo vuela, vuela ya sabes.

Es una de esas verdades que calan y que no pueden ser más ciertas. Hace dos días como quien dice os estaba hablando de las ganas que le tenía al verano, de los miles de planes que teníamos (todos) para él y la de locuras que íbamos a vivir.

Y llegó, por fin. Más ruidoso que discreto, tardó un poco, se cargó por el camino esos días largos, esas llamadas, mensajes que parece mentira pero era la única forma de enfrentarnos a los dichosos kilómetros. Esos audios de más de cinco minutos, y emoticonos que parecía que no, pero que de vez en cuando erizan la piel, y de alguna manera nos trasladan en el tiempo… y sí, llegó.

El tiempo, vuela… eso debí pensar yo la primera vez que me dijeron que venía a España, cargada de nervios, ilusión y con los ojos como platos intentando absorber todo o casi todo o que veía a mi alrededor.

Los días previos.

 

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Fueron como un suspiro que se pierde sin remedio. Así como una gota de lluvia, condensando en su interior toda una tormenta por venir. De esas que vienen y se llevan todo lo que sobra. Sin preguntas y sin miramientos. Dejando a su paso un camino despejado y preparado para ser recorrido desde el principio.

Es algo que flota en el ambiente, que se siente, que nos empuja hacia adelante. Es esa sensación melancólica y nostálgica que nos invade a los soñadores como yo, amantes de tiempos mejores y bonitos recuerdos pasados. Una certeza que anticipa el cambio, las ganas de renovarse, las ganas de volar. Es la emoción contenida, el frenesí por hacer y deshacer. Las ganas de ir y volver.

Son momentos de conocerlo todo, incluso el atardecer, de sacar las chanclas, y no salir de la piscina. Son los parques guiñándote el ojo, -yo que soy del desierto-, me dejo querer (y a día de hoy, un poco más)por la cantidad de agua que sale de las fuentes, ahí podía estar observándola durante infinidad de tiempo. Son los días cortos, la cantidad de helados que pude comer. Las tormentas que nos suelen sorprenden sin paraguas y el olor a tierra mojada.

 

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El verano, no es más que eso…

levantarte tarde, sin prisas, sin despertador; disfrutar de las terrazas en cualquier momento del día, siempre hay algún amigo disponible para tomarse algo; evitar el temido corte de digestión guardándote dos horas de bañarte; jugar al futbolín para matar el tiempo; comidas fresquitas, mucho gazpacho y sobremesas eternas; vivir del aire acondicionado, los ventiladores y abanicos; andar por la sombra. Eso, para los sureños, los del norte no conocemos ni los ventiladores.

El verano significa ¿playa o piscina? ¡Da igual!, la idea es estar en remojo; decir con una sonrisa en la cara “me voy de vacaciones” helados y granizados a toda hora, porque hace calor, porque apetece, porque sí; el Tour de Francia y los fichajes futbolísticos; las tranquilas siestas para llevar mejor el calor y reponer fuerzas para la tarde; poder lucir tus uñas pintadas de los pies y andar descalza.

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El verano significa vacaciones; viajar en familia o con amigos, al pueblo, a la playa, pero irse lo más lejos posible de la rutina; los reencuentros; amores de verano al más puro estilo Sandy y Danny, de esos que te pillan por sorpresa pero que tienen fecha de caducidad; las fiestas de los pueblos y las verbenas en la calle, donde darlo todo bailando y riendo, hasta que el cuerpo aguante; festivales de música y conciertos al aire libre; días más largos que las noches; la canción del verano y el tradicional anuncio que todos tenemos en mente que asociamos a esta bonita estación.

El verano significa el protector solar a tutiplén; las raquetas, una toalla cualquiera, las chanclas; la gorra y las gafas de sol; los castillos en la arena, las palas y algún cubo; los hinchables para flotar o para volcar al que duerme plácidamente… El verano, no es más que el paréntesis que todos hacemos en medio de nuestra ajetreada vida invernal.

Y me quedé pensando en lo bonito que es tener ese recuerdo de los dos meses que te hacen salir de la nada, para conocerlo absolutamente todo. Porque es verano y todas las memorias están esperando suceder.

“¿Amas la vida? Pues si amas la vida no malgastes el tiempo, porque el tiempo es el bien del que está hecha la vida.” (Benjamin Franklin)

 

Benda Lehbib Lebsir.

Fotografías: Amaia Carracedo Arana

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