Amor del que aún, no hemos hablado.

Gracias por aguantar ese dolor
Por inventar ese sabor
Por hacerme siempre lo que quieres
Gracias por los consejos que me das
Por olvidarme si te vas
Por no quererme un poco más
Por esas cosas que no se pueden contar.

Gracias -Despistados-

“Tengo el concepto de la mujer, que tengo, gracias a mi madre”

En uno de esos caminos en tierras mallorquinas, oí esta ingeniosa e increíblemente cierta reflexión. Venía de una persona a la que quiero, admiro y por ende: respeto. De esa clase de personas que hablan poco pero con calidad. Que no le mueve el simple cotilleo sino el generar buen rollo. Y de los que carga de razón todas y cada una de sus palabras.

Siguiendo con la conversación, me detuve apenas unas segundos después. Ésta vez, era con la presencia de su madre. Ella, captaba mi atención. Una mujer, sabia, sencilla y que te habla con el corazón en la mano.

Despertó mi curiosidad su cercanía, sobre todo conmigo (que hasta entonces no me conocía de nada), me recordó un poco a mis madres, al más puro estilo modelo de madre entregada, luchadora y que desde el minuto uno, y contra todo pronóstico hizo de ese niño, un hombre.

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“Mi objetivo, era hacer un hombre de bien. Que llegase a la puerta de la universidad y que ahí eligiese su propio camino” reconocía entre orgullo, satisfacción, bajo la tímida mirada de ese hombre que se agachaba la cabeza por contener sus lágrimas de lo mismo; emoción, orgullo y durante unos segundos se respiró un ambiente cargado de amor, respeto… aquello era plato de gusto de quienes hemos vivido una historia similar, sencillez, en su estado puro.

Sus miradas se cruzaban, y para hacer más amena e incluso divertida la conversación tiraban de vez en cuando de alguna que otra anécdota, en su conjunto, era una bonita estampa, de las que te hacen pensar que hace mucho que no escuchas hablar con tanto amor incondicional, que esa historia no pudo ser sino es por el esfuerzo de esa valiente mujer. De eso, no tengo ni la menor duda.

Parecía haber pasado una eternidad, desde la última vez que me había parado a pensar en lo bonito que es querer incondicionalmente. Y a decir la verdad, ya ni recordaba la última vez que alguien me había hablado de ese amor de madre -que no parió, pero si crió-.

Pero sí, recuerdo la última vez que alguien me había hablado de lo agradecido que está con ella, y con ello había puesto mis emociones patas arriba. Siempre a la expectativa. De más y mejor. De cuando menos siempre es más. Porque, no se vosotros, pero yo siempre digo que no somos de donde nacemos, sino de allá donde empezamos a escribir nuestra historia. Desde el principio y sin saltarnos ningún capítulo. Con más o menos faltas de ortografía y muchos punto y seguido.

Es posibles que, con distintos colores y subrayando lo bueno que nos pasaba. Que era casi todo, o por lo menos mucho. Saliéndonos de la línea más de una vez y tachando a fondo como si nos fuera la vida en ello. Borrando a toda prisa lo que no nos convencía y repitiendo una y otra vez lo que sí.

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En este caso, no sé muy bien quién apostó más. Si él o ella. O todos en general o de quién fue la idea… O si fueron los dos los que llegaron a un acuerdo de prohibido rendirse. De continuar la marcha, al mismo ritmo, aunque a veces cueste.

Y así, se materializó la independencia personalizada.

Nunca le gustó hacer lo que “había que hacer”, preferió ser el mismo, bajo su cabezoneria, humildad e infinita generosidad de esconde un corazón blandito que odia las despedidas pero que es un verdadero fan de las sorpresas que te dejan con la boca abierta.

Dicen, que pertenecemos al lugar donde crecemos. En el que aprendemos de nosotros y de los demás, a base de tropezones, de golpes y de deslices. Y que también de nuestro arte. En el que conocemos nuestros primeros amigos y hasta a algún que otro enemigo. Donde empezamos a creer, a crear, a ser. Donde empiezan nuestros orígenes, nuestros proyectos y hasta la mayoría de nuestros miedos.

Que nada nos define más y mejor. Y por si fuera poco: La seva mare le dijo en su día “Quédate con nosotros, por si acaso” y aquí sigue.

Benda Lehbib Lebsir

Fotografías: Georgia Ninet

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