La sencillez de los Campamentos de Refugiados Saharauis.

A veces me elevo, doy mil volteretas
A veces me encierro tras puertas abiertas
A veces te cuento porque este silencio
Y es que a veces soy tuyo y a veces del viento
A veces de un hilo y a veces de un ciento
Y hay veces, mi vida, te juro que pienso
¿Por qué es tan difícil sentir como siento?
Sentir, como siento, que sea difícil.

Cuando nadie me ve (Alejandro Sanz)

La verdad es que no sé muy bien por dónde empezar. Son tantas cosas, tantas sensaciones, que se me lían las palabras. Tienes un no sé qué, y un qué sé yo que me encanta. Pero a la vez me desconcierta. Es una mezcla de nostalgia, pero sobre todo de belleza.

Quizá sea por tu buen tiempo, y he de decir que soy consciente de que sólo tienes dos estaciones: un largo verano que se traduce en muchos meses de muchos grados de temperatura, y un invierno un poco loco. Tan pronto llueve en un año como que no llueve nunca. Pero por tu sol, por la capacidad que tienes de poner nuestra piel morena, y eso que la tapamos en la mayoría de las ocasiones, (y no será mi caso por la poca costumbre que tengo, pero lo intento, te lo aseguro).

O quizá, por las ganas que nos das de tomarnos un buen té con unas vistas impresionantes, un manado de estrellas que acompaña una buena fuente de arroz con leche en verano, y de legumbres en invierno. Que en muchas ocasiones consigue hacernos olvidar todo, o al menos la intención es lo que cuenta.

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Quizá sea por eso, pero puede que sobre todo por la suerte de poder disfrutar un 31 de diciembre de 30 grados si queremos. ¡Eso sí que es suerte!. O eso dicen quienes como yo hacen malabares contra la niebla, los tantos grados bajo cero, la lluvia fría, y un sinfín de cambios a los que no acabamos de adaptarnos.

Porque allí, reúnes a quienes son por excelencia capaces de resistir cuatro décadas. Allí también tienes a quienes quitan las inseguridades a quien sea con la típica frase “maktub”. Expertos y cómo no en la hospitalidad. Incondicionales consigo mismos, pero sobre todo con los que tienen alrededor. ¡Qué gusto y qué a gusto se está con ellos/as!. Dicen quienes les conocen, o les visitan por una o cientos de veces, como me decía una conocida tras su viaje a los campamentos: “aquello o te enamora, o no vuelves en la vida.”

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Y es que siempre me pregunto qué sería de mí si no fuera de allí, si no hubiera estado en algún momento allí, o no hubiera conocido a la gente que como yo somos de la generación nacida en el exilio y doblemente refugiada. ¿Tú eres capaz de imaginarlo?, porque yo no, y qué diferente sería todo a decir verdad. ¿Qué vistas tendría tomarse un té en los Territorios Liberados?. ¿Y por dónde pasearía si no es por el paseo marítimo del Aaiún? ¡Qué agobio!.

Así que, ya sólo me queda invitarte a ti a que lo conozcas. Que lo visites. Porque gracias a eso podrás corroborar todo lo que te he estado diciendo. Puede que conocer los Campamentos te cautive como persona, pero conocer y convivir con su gente puede que te enamore para siempre. Porque yo sé que al igual que todos los saharauis, si yo fuese de otra parte, ser saharaui sería mí sueño.

Benda Lehbib Lebsir.

Fotografías: Isalmu Lbar y Mariló Anpe.

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