La temida despedida…

 

Los adioses en un lugar, son la bienvenida en otro.

Despedidas que se hacen eternas y de pronto todo empieza a despejarse. Cuando uno aterriza en los Campamentos en lo último que piensa es en irse, por eso el estar allí el tiempo que sea una semana dos e incluso meses siempre lleva a su temida despedida.

Los días pasan volando, e incluso el primero que tras muchas horas de viaje, uno nunca llega a descansar. Todos pasan a saludar y a dar sus calurosas bienvenidas de largas horas acompañadas del té, y como es habitual, los niños también están allí presentes con su tímida mirada saboreando un caramelo como sí de un gran tesoro se tratara.

Pasan los días, y uno nunca se da cuenta de la llegada del final, siempre quiere más, siempre es el “que bien se está, cuando se está bien”. Es increíble.

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Recuerdo con exactitud las palabras de mis padres cuando nos  despedíamos, eran las mismas, exactamente las mismas que  me llevan diciendo desde hace más de una década. Nunca entendí la sensación de “apagón” que se creaba en mí el último día, me incapacitaba hasta para hacer la maleta, hecho que sólo mi madre es capaz de entender, la misma que dos horas antes de partir anda a toda prisa rematando los últimos detalles y llenándome de paciencia y sobre todo de confianza en mi misma.

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El último día se hace eterno, quizás la noche anterior observando las estrellas en el patio de mi casa explicaría bien lo que me esperaría para al día siguiente, pero ni con las tantas veces que lo hice, ni con el “bajón” que se me crea soy capaz de afrontarlo. Es ese silencioso amanecer ese mañana a estas horas  ya estaré en otro sitio, esas desapariciones inexplicables de familiares que de pronto pierdes de vista porque no te quieren despedir para evitar el dolor del adiós, esas comidas con el nudo en la garganta y tragando saliva, intentando hacer un repaso de lo que habría sido una experiencia fantástica como siempre, ese atardecer repentino que de pronto llega y es de hora de marcharse.

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Arranca el coche, y con ello lágrima tras lágrima, el camino de la Jaima al coche que no pasan de ser 2o metros se convierten rápidamente en kilometradas infinitas, esos abrazos, o ese venga ya no te queda nada para volver, esos segundos que solo se escucha el “motor del toyota” que te va a llevar a la Wilaya o al aeropuerto directamente,  o por lo mismo el momento que bajas la ventanilla estiras el brazo como quien no se quiere ir, pero se tiene que ir, ese instante que están toda la familia fuera de casa despidiéndote, o ese que Alah te proteja de mi madre, no lo cambio por nada. “El viaje a los campamentos, es la muestra de amor más sincera” me decía una conocida tras viajar a los Campamentos, suscribo y hago mía su reflexión, porque en donde no hay otra cosa, una muestra de cariño puede ser, un mundo.

Benda Lehbib Lebsir.

Imágenes: Georgia Ninet y Manna.

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Un pensamiento en “La temida despedida…

  1. Buen argumento Banda lebsir la mayoría de juventud sahrawi á vivido eso y lo está viviendo día á día el asilo de estar simpre fuera de casa y es una pena que mata…. Esperamos lo bien para todos la verdad ambiente de familia no lo tenemos no de sabor

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